Este artículo fue escrito en 1972 y publicado en el N°20 de la revista Posición . No se encontró su original , pero fue publicado por la editorial Maspero , en 1974 en un libro como “Le Chile est Proche” , junto con una recopilación de artículos todos traducidos al francés .José Balaguer , lo escaneo y lo retradujo con un programa automático que debió ser corregido trabajosamente. La versión es fiel , pero puede haber pequeñas variaciones. Fue publicado en la edición electrónica de Arauco N° 3 en Abril de 2011.
El izquierdismo
Una posición ideológica
¿Quién tiene la razón?
En todo proceso revolucionario, hay fuerzas políticas de izquierda, de centro o de derecha en la dirección del proceso. El problema es que no hay manera de saber por adelantado cuál es la posición relativa de las fuerzas políticas durante el desarrollo de un proceso de cambio. Sólo la historia reubica críticamente y juzga a cada partido socialista y a cada personalidad dentro de su contexto.
Esto es tanto más cierto cuando se piensa que en el interior mismo de la izquierda existen corrientes a veces mal definidas, de modo que no se aprecia bien quien es de izquierda realmente, y quien no lo es; aun más, al interior de cada partido o movimiento puede haber una lucha de tendencias y la existencia de ciertas ideas políticas que reflejan el deseo de dirigir el proceso por diferentes medios Esto constituye la esencia de la dialéctica que no es sólo válida para los procesos históricos en su conjunto sino que también para los que ejecutan los procesos: los partidos políticos y sus direcciones.
Otra cosa además: quien participa en el proceso revolucionario y actúa de buena fe, cree, o debe creer, que su posición es justa, y tiene derecho a defenderla y a intentar de que se la acepte; esto implica inevitablemente su derecho a atacar las posiciones que juzga falsas, para que las ideas de su propia organización política prevalezcan. La posición de las distintas tendencias en el movimiento popular se define en el marco de una lucha política más o menos intensa, en función del nivel alcanzado por el proceso revolucionario en desarrollo. Es lo que pasa actualmente en Chile.
La confirmación en la historia
Es una cosa archisabida que solamente el tiempo ubica correctamente el papel que cada partido, movimiento o individuo juega en un proceso, y que este papel es a menudo diferente de aquél que se le dio durante el propio desarrollo del proceso; la historia de las luchas sociales a menudo ha corregido radicalmente la opinión que prevalecía en el momento de los acontecimientos. Se hace necesario recordar algunos ejemplos especialmente sugestivos para todo buen revolucionario.
A comenzar por G. Babeuf, dirigente de la gran Revolución francesa, guillotinado como conspirador por el Directorio en 1797, y que hoy se considera como el fundador del primer partido revolucionario (“la Sociedad de Iguales”) y como un precursor de las ideas socialistas que Marx y Engels difundirían cincuenta años más tarde. Citemos también el caso de Luis Emilio Recabarren, que fue muy duramente calificado por la dirección del P.C. en los años que precedieron a su muerte (1924), a quien se siguió criticando en la decena de años que siguió a su desaparición, y que hoy en día se le considera como el fundador del movimiento obrero chileno, al mismo nivel de importancia que los héroes de la independencia nacional.
Recordemos a Lenin quien en 1917, cuando cruza Alemania para ir a Rusia a dirigir el Partido bolchevique, fue calificado de traidor y agente alemán por el Gobierno provisional de Kerensky, y tuvo que pasar a la clandestinidad para evitar ser asesinado.. ¿Y por qué no recordar el caso del camarada Fidel Castro, calificado de aventurero al dar el asalto en Moncada en 1953, y mirado con escepticismo cuándo comenzó a la guerrilla? ¿Y los acontecimientos de China popular, donde las figuras de Mao, Liu Shao-shi, Lino Piao sufrieron tantos cambios en su valoración?
Eso pone de manifiesto que ningún individuo, ni ninguna organización política puede considerarse como poseedor de la verdad absoluta.
La Unidad Popular pudo constituirse y seguir siendo la fuerza directora del Gobierno popular chileno gracias al hecho de que se superaron algunas tendencias sectarias y dogmáticas, que prevalecieron durante decenas de años en el movimiento popular . Se creó además un nuevo estilo unitario para superar las divergencias políticas que subsisten hasta el presente.
El problema llamado del “izquierdismo” pone a prueba los nuevos métodos del pluripartidismo, y un eventual retroceso a esos antiguos métodos cuestionaría la supervivencia incluso de la Unidad Popular y de su gobierno.
El proceso chileno
Basta con observar el proceso que se está viviendo en Chile para ver la confusión que causa, y cuánto dificulta la distinción entre posiciones justas y posiciones incorrectas entre los revolucionarios.
Así por ejemplo, después de veintidós meses de Gobierno popular, y mientras ya se realizó una gran parte del programa básico del U.P., afirmar que “no estamos dispuestos a separarnos ni milímetro del programa del U.P.”,¿ es esta una posición correcta o una posición que frena el proceso? Porque es evidente para todo marxista, que, si el proceso debe continuarse, si queremos contar con el apoyo de las masas trabajadoras, la profundización del proceso exige nuevas medidas programáticas. Durante los pasados veintidós meses, hubo errores de dirección que, incluso hoy, no son reconocidos públicamente por todas las organizaciones de la Unidad Popular y que difícilmente pueden calificarse de desviaciones de izquierda, de centro o derecha. Es importante observar que en determinado momento, incluso una posición de centro puede ser perjudicial a un proceso que reclama una aceleración, un golpe en el pedal o una acción de audacia decisiva que caracterice a una verdadera revolución.
Así se pueden catalogar algunas posiciones” razonables” adoptadas durante los primeros meses de Gobierno.
Cuándo no se preparó la vía legal para un plebiscito que habría permitido disolver el Congreso en los cinco primeros meses de Gobierno y avanzar firmemente en abril de 1971 después del triunfo en las elecciones municipales ¿acaso esto no fue un error de derecha, que el P.S. denunció públicamente?
¿Fue justo suspender las requisiciones previstas en varios sectores industriales en junio de 1971, después de su exitosa aplicación, en los sectores de la industria textil y del cemento? ¿Era ser izquierdista en ese momento pedir la extensión de las requisiciones en los sectores de la metalurgia, la pesca, la alimentación, la construcción, el gas y teléfonos?
La reforma constitucional en trámite, a iniciativa de los senadores democratacristianos Hamilton y Fuentealba, que cancela las posibilidades de requisar a partir del 14 de octubre de 1971, es la mejor demostración que las empresas a incorporar en el sector social de la economía debían ir lo más lejos posible .Los que, de una forma o de otra, retrasaron las requisiciones se equivocaron totalmente en su apreciación y frenaron el proceso desde una posición de derecha.
Sobre las ocupaciones de empresas, tan a menudo mencionadas, para obligar su incorporación al sector social. Se las criticó a menudo como sorpresivas y que implicaban el alejamiento de ciertas capas medias; ¿pero por qué no hubo acuerdo para decidir la ocupación justificada de algunas grandes industrias que debían pasar al sector social? Resulta así lógico que esta constante falta de acuerdo aumente el campo de acción “del extremismo” y lo vuelva peligrosamente “mayoritario”; como consecuencia de esto se discuten todas las ocupaciones y, haciendo el balance, se ve que toda la Unidad Popular ha estado participando.
Citemos otro ejemplo: el retraso para crear un depósito de automóviles que permitió a un sector parasitario de la burguesía obtener beneficios revendiendo muy caros vehículos que habían comprados a bajo precio, y recuperando así con creces lo que habían perdido en otros sectores económicos. ¿ no fue eso una debilidad política , que se manifestó en el retraso para crear depósitos para otros productos objeto de especulación y mercado negro, como los electrónicos?
Es sin duda alguna en el campo y en el proceso de la reforma agraria que las opiniones cambiaron más rápido .Es alentador citar algunas frases del Secretario General del Partido Comunista extraídas de su informe sobre Plan agrario el 13 de agosto recién pasado:
“Ni los asentamientos, creados por la DC., ni los Ceras, creados por el actual Gobierno, satisfacen completamente a los campesinos y no constituyen, tal como están, las formas más adecuadas de organización transitoria del sector reformado. Últimamente, ha surgido una nueva forma de organización transitoria : los Comités campesinos, como un medio para abordar el proceso productivo y evitar los conflictos , entre crear lol Ceras o los asentamientos. Nos parece primordial y urgente revisar todas estas formas organizativas teniendo en cuenta la opinión y el interés de los propios campesinos. Apoyarse en ellos es {aúnica forma de cumplir las grandes tareas que tenemos en el campo”
Es realmente un cambio de posición tan notorio y feliz que habría evitado muchas recriminaciones mutuas, y que habría alejado oportunamente el “extremismo” si esta posición se hubiera producido a principios de 1971. Resulta claro que esta manera de abordar el proceso en el campo habría conducido a intervenciones intensivas y a iniciar en forma inmediata los trabajos en los terrenos expropiados; fue la posición planteada por el CONAS (Consejo nacional agrícola socialista). Así se habría evitado, en gran medida, la baja producción agrícola que el camarada Corvalán indica en el párrafo que precede inmediatamente al citado.
¡Qué difícil es juzgar como correctas o incorrectas las posiciones sostenidas en relación al campo!
Imaginemos por un momento que una posición parecida a la del sector agrario fuera respaldada por el Secretario General del PC. para abordar los problemas del sector industrial, que afectan tan de cerca del proletariado que, se puede decir , es la clase que impulsa más firmemente el proceso. ¡Cuántas acusaciones de “izquierdismo” y de “reformismo” se evitarían si previamente aprendiéramos de manera constructiva lo que sienten y apoyan las masas, sin tratar de imponer esquemas preconcebidos!
Dos concepciones del proceso
El camarada Altamirano lo indicó muy claramente el 1 de agosto, en el teatro San Diego: “Incluso si hay debates internos, incluso si existen divergencias tácticas transitorias, como las ha habido y como las hay actualmente, estamos todos de acuerdo con el gran objetivo estratégico: crear una nueva sociedad, crear en Chile la sociedad socialista y en función de este gran objetivo histórico debemos superar la mayoría de las dificultades momentáneas. ”
Es un hecho evidente que gran parte de las dificultades surgidas al interior de la UP.,se deben a que algunos creen que el objetivo estratégico de la construcción del socialismo está bastante alejado y no forma parte del programa inmediato: para otros, este problema se plantea ahora mismo y figura en el programa del UP.
Para afirmar eso, nos basamos en el apartado 9 del programa que indica que “el Gobierno del pueblo tiene ante si lo tarea fundamental de terminar con el dominio de los monopolios, de la oligarquía latifundista y de empezar la construcción del socialismo en Chile”. El carácter simultáneo de esas s tareas se manifiesta a lo largo de todas las medidas del programa y constituye así una de las características más importantes del proceso chileno: combinar las tareas democrático-burguesas y las tareas socialistas.
Esta característica del programa no fue el fruto de la casualidad, sino el resultado de la experiencia de todas las revoluciones socialistas que triunfan en la historia: soviética, china, yugoslava, vietnamita ,china y cubana.
Se podría argumentar que la vía chilena puede ser diferente y que no es necesario ser dogmático ni mecanicista para juzgar nuestro proceso. Supongamos que después de veintidós meses de Gobierno nosotros acepciones el hecho de que se deban separarse y rechazar en una segunda etapa las tareas socialistas. Deberíamos entonces suponer también que, en la actual estructura capitalista, en las instituciones actuales, son posibles un trabajo eficaz del Gobierno popular, un trabajo de masa de los partidos del U.P. que permiten un apoyo creciente de la población, hasta obtener una aplastante mayoría, mayoría que nos permita imponer la segunda etapa: la etapa socialista. Ahora bien, es evidente para todo el mundo que los instrumentos a disposición del poder ejecutivo no son suficientes para transformar la sociedad; y que al actuar dentro de los límites del propio sistema, se aleja por una razón u otra a distintos sectores de la población y se pierde la actual mayoría. Durante años, se dijo y se ha repetido que los males de Chile se debían a su estructura capitalista y que, sin cambios estructurales, era imposible sacar a Chile del subdesarrollo, terminar con el endeudamiento progresivo del país en el extranjero, con la inflación crónica y el desempleo, abierto u oculto. Al asumir el Gobierno, se efectuaron importantes cambios en la estructura social (nacionalización de los bancos y de las riquezas mineras; liquidación de la propiedad latifundista, formación de un sector social limitado en el sector industrial y en la distribución de productos), pero los cambios se hicieron desde el interior de la estructura capitalista; y por eso no afectaron lo básico del sistema capitalista, incluso si se cambiaron de manera radical las reglas del juego para las capas más parásitas del capitalismo. Al observar la situación en su conjunto, vemos que el poder económico de la clase capitalista está casi intacto y que está lista para recuperar las posiciones perdidas si se le da la más pequeña posibilidad de hacerlo.
Los que creen en la progresión gradual y por etapas defienden abiertamente la tesis según la cual la eficacia del trabajo del Gobierno es suficiente y decisiva para solucionar los problemas. Lo que quiere decir que las tareas inmediatas son tareas solamente de eficacia dentro del sistema, y no aquéllas que contemplan cambiar la estructura de la sociedad capitalista en la que vivimos. Esto significa, por ejemplo, para el problema agrario, que no se trata de establecer nuevas relaciones de propiedad, construyendo nuevas relaciones de producción, sino que solo es necesario utilizar los tractores de manera más eficaz, integrar una mayor cantidad de máquinas en el trabajo de la tierra, garantizar una mayor tecnicidad y práctica agrícola en las explotaciones agrícolas actuales [...]. Por lo que se refiere a la Administración pública, la primera tarea sería eliminar la burocracia, evitar las complejidades de funciones y terminar con las remuneraciones millonarias, etc.
Pero es también un hecho indesmentible que, bajo una u otra forma, todos los Gobiernos anteriores intentaron abordar los mismos problemas y fracasaron, teniendo en muchos aspectos y circunstancias condiciones más favorables que el Gobierno de la U.P. (actitud colaboradora de los profesionales y técnicos, abundancia de divisas y crédito, disciplina rigurosa en el trabajo , etc.). Esta es la razón por la que no hay ningún motivo para pensar que se tendrá éxito dónde los otros Gobiernos han fallado, salvo si, y es esta la esencia de este análisis, se obtiene un cambio total de actitud de las masas populares, tanto en la ciudad como en el campo, en las relaciones de producción y que eso nos permita contar con un apoyo masivo, para las tareas en que fallaron los Gobiernos anteriores, que no contaban y no podían contar con el apoyo de las masas, debido a sus compromisos y alianzas de clases.
La experiencia de los veintidós meses nos enseña que el apoyo de las masas se mantiene solamente en la medida en que los trabajadores ven que se cumplen simultáneamente las tareas democrático-burguesas y las tareas socialistas. Eso se pudo comprobar, de manera irrefutable, en el caso de las requisiciones de empresas, de la defensa de las industrias donde se había intervenido, y en la movilización masiva de los trabajadores cuando se trataba de impedir su restitución a los propietarios privados. Eso explica el éxito de los cordones industriales, que agrupan a los trabajadores por zonas geográficas, y la forma en que, en Concepción, las cuestiones relativas al sistema capitalista se radicalizaron mucho más profundamente que en otras regiones.
¡De ahí viene la consigna creada por los socialistas, de avanzar sin transar! De ahí viene el apoyo impresionante que el Partido socialista ha recibido en las empresas industriales, y prueba la razón de la continuidad del proceso actual hasta el socialismo.
Por el contrario, los que no mencionan nunca el socialismo, y lo que significa concreta y en forma inmediata para las masas, debilitan la base de apoyo del Gobierno, frenan su acción; en la práctica, no dejan otra salida para las masas que pensar en sustituir a este Gobierno por otro, incluso si ese gobierno tampoco avanzara hacia su reivindicación fundamental: el socialismo; socialismo que para ellos significa terminar con la explotación, con los ricos, con los que poseen los cargos directivos sin haber sido elegidos democráticamente por los trabajadores.
Enfrentando estos problemas fundamentales, las posiciones diferentes de los revolucionarios no pueden a la ligera catalogarse de extremistas. Se basan en un diferente análisis del proceso, y lo que en realidad se discute, es si el cambio se dirige hacia un proceso revolucionario o si se va a continuar como un proceso reformista. Como consecuencia esta calificación englobaría a todos los revolucionarios. Y no pensamos que sea esa la intención de los que emplean el calificativo.
Las palabras del camarada Corvalan, en el último pleno del PC., son francamente alentadoras:
“En cuanto a la extrema-izquierda, lo dijimos, y lo repetimos hoy, que combatimos sus posiciones a nivel ideológico y político, pero que no proponemos medidas represivas su contra. ” Decimos que son alentadoras ya que había otra posición que significaba reprimir a la gran mayoría de los socialistas y de muchos trabajadores, en un futuro inmediato.
Esa política, que se aplicó en la población La Hermida, habría significado indiscutiblemente el desprestigio del Gobierno y el fin de la UP. La actitud firme y valiente del camarada Allende y del PS. puso fin a ese error, y esperamos que lo sea definitivamente.
El terrorismo y la acción directa
Al indicar el carácter de las divergencias en el seno la izquierda, y para tratar correctamente el problema de aquéllos que generalmente se nombran como extremistas, es necesario considerar separadamente a los terroristas y a los partidarios de la acción directa; aunque a veces, y felizmente raras veces, las dos posiciones coinciden. En general, se da mucho más importancia a los terroristas, por la publicidad que reciben, que aquélla que tienen realmente. Como decía Lenin en su artículo “Aventurismo revolucionario”, “la pasión para el terror no supera más allá que un estado de alma transitorio y fugaz”.
En la gran mayoría de los casos, lo que se llamó “extremismo” en el proceso chileno se refiere a una posición diferente adoptada en la lucha de masas; por ejemplo las ocupaciones de tierras y fábricas, el aumento del número de empresas que deben pasar al sector social, la organización paramilitar de los poblaciones en la periferia, la oposición por las vías de hecho a las manifestaciones de la derecha, la convocatoria de acciones de masa que pueden salirse de la legalidad (caso de la Asamblea del Pueblo en Concepción), etc .Estas divergencias en la dirección del proceso no tienen nada ver con el terrorismo o con la acción directa. El intento de asimilar a los “izquierdistas”, como es correcto llamarlos, con los casos aislados de terrorismo como los del VOP.], pone de relieve obviamente la mala fe y la falta de voluntad para tratar las divergencias ideológicas al nivel que merecen.
El que se haya sorprendido a algunos camaradas con armas y explosivos, etc., son hechos que no pueden de buenas a primeras calificarse de actos terroristas, ya que no se puede saber automáticamente lo que ellos tenían la intención de hacer. Calificarlos de “lanzadores locos de bombas e instrumentos de la C.I.A.”, y asociarlos automáticamente con terrorismo, es injusto, aunque algunos todavía creen necesario e indispensable la búsqueda de demonios para combatirlos.
El MIR. y sus perspectivas
El desarrollo del proceso hizo que, de la veintena de organizaciones revolucionarias que se habían formado en Chile durante los diez últimos años, casi todas creadas all principio por antiguos militantes comunistas o socialistas, solamente el .MIR subsiste y tiene una cierta influencia en el proceso. Los otros grupos “chinos”, “trotskistas” o “foquistas” han perdido significado, sobre todo estos dos últimos años, y ninguno está presente actualmente.
El MIR se creó hace siete u ocho años, básicamente como un movimiento de jóvenes estudiantes, y tuvo un rápido desarrollo porque simbolizaba para las masas de jóvenes la ruptura con el sistema capitalista y adherir a nuevas formas de- lucha. Entre 1966 y 1968, la creación de la OLAS. y la campaña heroica del camarada Che Guevara en Bolivia le dieron un respaldo continental y lo llevaron a una posición claramente foquista que caracteriza al MIR hasta el principio de la campaña presidencial de 1970. Las continúas promesas de abrir un foco guerrillero, reiteradas y con fecha fija en los años 1967 y 1968, sometieron al MIR y a los más impacientes de sus militantes a una serie de divisiones y crisis internas que lo debilitaron enormemente. Fue en estas circunstancias que el caso de Osses lo hizo pasar a la clandestinidad durante casi dos años, hasta el triunfo del Presidente Allende. Durante este período, el M IR. practicó varios asaltos de bancos, como medio de financiar sus actividades. Esta práctica fue criticada severamente por el PC quien la calificó acertadamente como de carácter aventurero y que podía perjudicar al proceso electoral en curso. Los hechos mostraron que el MIR. no obstaculizó el resultado final de la elección; al contrario, desempeñó un papel muy útil en la revelación de la conspiración de derecha cuya culminación fue el asesinato del general Schneider.
Al principio del Gobierno de la UP., los miristas que estaban presos o exiliados fueron indultados y el MIR recuperó su plena legalidad; la coyuntura se volvió extremadamente favorable para que esa organización se transformara en una gran organización de masas. Su prestigio, la imagen heroica que presentaba a la juventud, el hecho de tener algunas decenas de cuadros políticos con experiencia en la lucha armada le dieron una ocasión excepcional para desarrollarse.
Sin embargo no supieron aprovecharla. En vez de utilizar la legalidad para transformar su prestigio en organización, en vez de crear numerosos organismos de masas, el MIR. emprendió formas de trabajo que lo aislaban de los trabajadores. Prefirió dedicarse a ponerse de acuerdo o a disentir con otras fuerzas y a establecer contactos de alto nivel con los partidos de la UP. Durante doce meses, su diario no pareció y ningún local público legal estuvo abierto que permitiera el contacto entre su organización y los trabajadores.
El trabajo de masas lo abordaron con un estilo guerrillero, ya sea centrando todas las fuerzas en uno o dos lugares, para obtener resultados de propaganda, con impaciencia y precipitación. De acuerdo con esa táctica nace el campamento “Nueva La Habana” y se efectúan la toma de tierras en Cautín (sector mapuche). Cuando, en septiembre de 1971, resulta evidente que la fecha de la confrontación armada en Chile no puede preverse, el MIR intenta cambiar de estilo y concentra sus esfuerzos en los frentes revolucionarios (FIR., el M CR „FER., MPR.) con los cuales pretende catalizar el descontento que existe en distintos niveles de la sociedad capitalista. Y allí comete otro error decisivo: en vez de utilizar a los descontentos para reforzar su acción de masa, son los descontentos que se sirven del MIR. como instrumento. En su esfuerzo para parecer más grandes de lo que realmente son los miristas se desacreditaron al patrocinar ciertas acciones aventureras, como usar como ocupar empresas ya requisadas y promover huelgas con pretensiones económicas que paralizaban actividades vitales del país y perjudicaban a otros trabajadores, etc .Si un trabajador se proyectaba para un cargo dirigente o si quería obtener una ventaja de tipo personal, al margen de una posición ideológica o disciplinaria, se presentaba como miembro del FTR. y el M IR. sufría las consecuencias.
Las elecciones del mes de mayo en la CUT reflejaron el resultado de este método. El MIR.. obtuvo un escaso 1,9% de los votos emitidos, mientras que sus dirigentes pensaban no descender de un 10%.
Durante años de lucha, el MIR. ha manifestado una gran vitalidad, valor y audacia, pero también ha demostrado errores permanentes que le han impedido convertirse en una organización revolucionaria de masas y una dirección revolucionaria alternativa en Chile. Su dirección está integrada por una pequeña élite, lo que le ha provocado una crisis constante en los cargos intermedios.
Su búsqueda permanente de éxito publicitario, le hace engañarse sobre su verdadera fuerza y sobre su real influencia sobre las masas, pues las entrevistas en la radio y a la TV. no llegan a las capas pobres, que deben ser el objetivo de un partido revolucionario.
Es su voluntarismo político lo que, sumado a un buen análisis teórico y práctico, los lleva a creer que lo que ellos quieren o proponen debe forzosamente producirse.
Y, vinculada a los errores anteriores, está lo que podríamos llamar la impaciencia política que les hace fijar planes a muy corto plazo para realizar tareas en la masa que no están incluidas en sus metas propias , ya que no dependen del estado de ánimo de los dirigentes revolucionarios.
Cualquiera que sea la importancia de los errores que el MIR.. ha cometido en los últimos años, el factor de verdad determinante en su estancamiento ha sido la acción del PS. ya que fue la línea política revolucionaria de nuestro partido la que canalizó principalmente las inquietudes de los campesinos, de los pobladores y proletarios, y que les ofreció una vía de lucha organizada y seria. Es nuestro partido el que reclutó a los mejores combatientes de la ciudad y el campo, formando así militantes disciplinados.
El polo de reagrupación de todos los verdaderos revolucionarios se encuentra actualmente en nuestro partido y eso está determinado por el hecho de que el PS. constituye un gran partido ya organizado y que plantea abiertamente su lucha por una sociedad socialista.
Hacia la superación de las divergencias
Cuando nuestro partido defiende de manera intransigente la aplicación simultánea de todas las tareas del programa de la UP. y la difusión entre la masa de puntos concretos que conducirán a Chile hacia el socialismo, está creando las condiciones para superar de manera unitaria las divergencias entre los revolucionarios.
Lo importante es que el PS., para realizar esta tarea unitaria, se sitúa francamente en una posición de izquierda al interior del proceso; y su análisis de la realidad lo ha convencido que en el presente sólo el avance puede reforzar al Gobierno. Y avanzar al realizar las tareas socialistas es hoy una posición de izquierda que todos no aceptan en la UP. y por eso debe iniciarse un debate fraternal éntrelos partidos y en el seno de las masas para que sean ellas las que finalmente, decidan el curso de la revolución chilena. No hay lugar en este debate para los partidos burgueses o de los opresores. Este problema es al interior del pueblo trabajador y es ahí donde debe desarrollarse. A la gran prueba política que fueron las elecciones en la CUT. debe seguir una toma de posición en todos los organismos de masas donde las cosas se discutan abiertamente: socialismo o reforma del sistema actual. Avance o retroceso. Y esto debe traducirse en todas partes en consignas concretas que signifiquen, en un futuro inmediato, la aplicación en la realidad de estas dos políticas. El PS.. no teme este debate. Sus militantes están plenamente comprometidos y tienen la certeza de ganar para ellos la gran mayoría de los obreros, de los campesinos, de empleados y de estudiantes, de intelectuales y de revolucionarios profesionales que serán los que, finalmente, decidirán el curso de la historia para toda la nación chilena.

