Nota:Este artículo fue escaneado por los compañeros Jose Balaguer y Ricardo Acuña. usando el texto de la revista Chile America. Creo que su texto todavía tiene aspectos vigentes y que harán meditar sobre la actual coyuntura chilena.Los subtítulos fueron añadidos por el gran periodista Murillo , quien dirigía la revista desde Roma.
LA RESPONSABILIDAD EN EL GOLPE DEL11 de SEPTIEMBRE
MÁS SOBRE EL LIBRO DE EDUARDO NOVOA ¿pudo evitarse el golpe en CHILE? Artículo publicado en CHILE AMERICA en 1979.
El comentario de Julio Silva en CHILE AMERICA 54-55 sobre el libro de Eduardo Novoa tiene entre otros el mérito de enfocar la atención sobre un problema básico: ¿Pudo evitarse el golpe en Chile? Y si podía evitarse: ¿De quién es la responsabilidad de que no se haya evitado? Si después de seis años del golpe militar todavía se discute y se argumenta, es porque el tema trasciende la experiencia puramente chilena. Su trasfondo es realmente el de la viabilidad de la vía pacífica — no violenta — para construir el socialismo, tema que ha llenado páginas y páginas y ha dividido a los movimientos y partidos populares, tanto a escala nacional e internacional, desde hace décadas. Como del comentario de Julio Silva se desprende claramente que según él la responsabilidad fundamental radicó en lo que denomina "la corriente extremista de la izquierda" por oponerse a "todo intento de negociar, transar, consolidar", parece necesario exponer algunas ideas sobre como se vió el proceso desde ese ángulo y perspectiva.
El tiempo no trabajaba en nuestro favor Empecemos por aclarar que el sector de izquierda de la izquierda que participó e influyó en el proceso era reducido e inorgánico. Estaba integrado por una minoría en el PS., una minoría en el seno del MAPU y unas pocas personalidades independientes, entre ellas, muy destacadamente, Eduardo Novoa. Si nos referimos al primer año de gobierno — que en muchos sentidos fue el determinante de todo el proceso — el MIR no participó, ni siquiera para criticar al Gobierno. Decimos que ese sector izquierdista era inorgánico porque efectivamente nunca tuvo lazos estructurales o centralizadores y porque estaba en la práctica dividido en muchas tendencias. No corresponde en este comentario entrar en detalles, pero debemos señalar que si algún rasgo en común tenían todas las tendencias izquierdistas — como muy bien lo esboza Julio Silva - era la de querer ACELERAR el proceso. La continua oposición a "negociar, transar, consolidar" venía de la profunda convicción teórica y práctica que el tiempo no trabajaba en nuestro favor y que sólo en la medida en que el proceso se llevara rápida y profundamente hacia adelante había posibilidades de una "consolidación" favorable a las fuerzas populares y al socialismo. Y aquí llegamos a una encrucijada en que los puntos de vista se separan: La izquierda de la izquierda habría aceptado negociaciones y transacciones — también las aceptaría ahora — si estas hubieran salvado el proceso hacia el socialismo, si estas hubieran asegurado que después de un período de consolidación, la marcha se hubiera reanudado. Pero esa no fue nuestra visión de las cosas. Y hoy estamos convencidos que el hecho que las ideas izquierdistas se impusieran durante parte del proceso y que ese proceso se desarrollara cumpliendo los anhelos y las aspiraciones de las masas hace que — aunque derrotados- no se acuse al movimiento político de haber traicionado al programa. Y por otra parte hace que el movimiento popular y el socialismo tengan futuro en Chile, aunque ese futuro esté aún lleno de riesgos e incertidumbres.
Como una consecuencia de las características del sector izquierdista, los otros sectores de la Unidad Popular en el Gobierno — llámense el centro y la derecha, sin entrar en detalles — impusieron su criterio en la inmensa mayoría de los casos y prácticamente determinaron la orientación del Gobierno desde su inicio hasta el día del golpe. Se podrían dar múltiples ejemplos de cómo la izquierda de la izquierda no jugó papel importante en las decisiones y como quienes estaban en posición de hacerlo, manteniendo su postura izquierdista, fueron desplazados de sus cargos. Ninguno de los partidos de la UP fue controlado por "izquierdistas" y el único caso en que eso ocurrió y hacia el final del proceso (el MAPU) fue dividido y neutralizado. Que la izquierda revolucionaria no jugara un papel decisivo en el Gobierno era algo lógico y explicable. No creía en la vía electoral, fue tomada de sorpresa y arrastrada hacia el proceso por la fuerza de los acontecimientos. La adhesión de compañeros "izquierdistas" en los distintos frentes de trabajo del gobierno y en los distintos niveles de dirección se hizo en el bien entendido que respetaban el camino elegido por la mayoría y las decisiones impuestas por el Presidente Allende. Por su parte - hay que decirlo claramente - el Presidente actuó con el más amplio espíritu y no se objetó por parte de él, a ninguna persona, por conocidas que fueran sus tendencias revolucionarias, para desempeñar cargos. Fue una actitud de mutuo respeto que ojalá sirva de ejemplo hacia el futuro.
Una confusión inexplicable
Julio Silva asigna en cambio un papel diferente y mucho más importante a la corriente extremista de la izquierda. Así escribe en su comentario: "Las divergencias entre esa línea de una parte, y la del Presidente Allende, el Partido Comunista y otros sectores, de otra, terminaron por empantanar y confundir a la Unidad Popular y al gobierno desde el punto de vista de la conducción política".
Aceptando que la caracterización de las fuerzas que, dentro de la UP. y el Gobierno, estuvieron por la consolidación del proceso desde sus etapas iniciales, no se explica por qué esas fuerzas terminaron "confusas" y perdiendo la conducción del proceso.
Eduardo Novoa en su libro da una explicación detallada del fenómeno desde el punto de vista del campo en el que a él le tocó actuar. Dice textualmente:
"Si se quiere aprovechar el sistema legal imperante para avanzar hacia modificaciones sustanciales del régimen, no bastará tener la razón jurídica, porque esta será negada". Como lo explica a través de sus páginas el sistema legal en un país capitalista forma parte de una institucionalidad que en su conjunto está destinada a defender y perpetuar al régimen. Si en la institucionalidad vigente hay brechas o resquicios que permiten avanzar hacia el cambio de sistema, el resto del aparato legal reacciona contra los cambios, como si estos fueran un cuerpo extraño. Eso es lo que ocurrió en Chile.”
El campo legal es sólo uno de los aspectos que pueden explicar lo que ocurrió en el proceso. No pretendemos en este breve análisis abordar en su conjunto los distintos aspectos que determinaron el curso de los acontecimientos chilenos. Nos limitaremos a exponer un aspecto de él que a nuestro juicio es fundamental para su comprensión: la relación economía — política.
Política y economía
Quienes vivimos el proceso chileno desde dentro, sumergidos en las decisiones políticas y económicas de todos los días, podemos distinguir claramente dos etapas:
La primera va desde el inicio del gobierno hasta fines de 1971 o comienzos del 72. La segunda, desde esa época hasta el golpe.
En la primera etapa, la política domina a la economía y hay alternativas para las decisiones del Gobierno. En la segunda etapa, la economía determina a la política y las alternativas se van haciendo cada vez más restringidas. Las decisiones se deben tomar a la defensiva y como pie forzado para la supervivencia del Gobierno y el proceso.
¿De dónde vino ese cambio tan importante en la relación de fuerzas y en la generación de los acontecimientos?
¿Por qué el Gobierno Popular pudo superar fácilmente el caos económico (la campaña de terror de Zaldívar) cuando recién se asume el mando y no puede superar los problemas de la segunda etapa?
Julio Silva argumenta que la responsabilidad del empeoramiento cae sobre "la corriente extremista de la izquierda" y que por tanto pudo haberse evitado con otra actitud de esa izquierda o tal vez, eliminando su influencia en el proceso.
Nuestra explicación es diferente.
A principios de 1972 las transformaciones económicas llevaron la estructura productiva del país a un punto tal de inestabilidad que era imposible, cualquiera que fuesen los deseos de las directivas políticas, de alcanzar su consolidación.
Era forzoso avanzar o retroceder.
Así como Julio Silva deduce de los documentos publicados de la ITT y de la CIA, que no era simplemente cuestión de apretar el botón para derribar el Gobierno en los primeros meses, así tal vez debiera sorprenderse con el hecho que se pudiera desestabilizar nuestra economía con sólo unos pocos millones de dólares. Eso sólo pudo ocurrir cuando nuestra economía estuvo ya en situación inestable. La inestabilidad se caracterizó porque dejó de funcionar el sistema económico capitalista y no fue reemplazado por un sistema nuevo. Se produjo así una situación crecientemente caótica.
Hacia fines de 1971 se habían materializado "legalmente" tres grandes cambios económicos: la nacionalización del cobre, la reforma agraria y la nacionalización de la banca. Ninguna de esas tres medidas comprometió gravemente el funcionamiento del sistema capitalista. Los países europeos más prósperos han efectuado algunos cambios parecidos sin alterar la sociedad capitalista. Por el contrario, parecen haber fortalecido y consolidado el aparato estatal y el dominio de sus clases burguesas.
Distinta es la importancia que adquiere la propiedad social sobre los medios de producción industrial que es donde puede generarse gran parte del excedente económico. La formación de un área social de la economía en el campo de la industria manufacturera resulta ser un problema vital para la supervivencia del capitalismo. Por eso, los verdaderos problemas del proceso chileno empezaron cuando se abordó seriamente la formación del área social en el sector de la industria manufacturera. El sector izquierdista tuvo en claro, desde un principio, que el área social de la economía debía ser establecida lo antes posible y con una dimensión suficiente como para asegurar un funcionamiento eficiente.
La falta de definición al respecto, las vacilaciones, las confusas normas para negociar empresas en los primeros meses del gobierno, cuando los empresarios hacían colas solicitando traspasar sus empresas al Estado, no fue responsabilidad de los izquierdistas. Por el contrario, la plena conciencia que el caos resultante iba a favorecer a la reacción nos hizo proponer una y otra vez que lo que se iba a hacer había que hacerlo lo antes posible y sin demoras. Lamentablemente esos no fueron los criterios predominantes en el Gobierno.
Carencia de dirección
Llegamos así nuevamente a la pregunta con que iniciamos este análisis:
¿Pudo evitarse el golpe?
Nuestra respuesta es, sí. A condición de no haber construido el socialismo.
¿De quién es la responsabilidad de no haberlo evitado?
Los izquierdistas somos los primeros en reconocer que en el proceso chileno faltó una dirección revolucionaria capaz de sacar a las masas del cauce institucional e imponer un curso diferente a los acontecimientos. Esa fue nuestra falla y nuestra limitación.
Pero en cambio, lo que no se quiere reconocer es que al proceso le faltó una dirección consecuentemente reformista y que esa fue la causa fundamental de la derrota.
Así como Julio Silva: dice que no era posible que se le exigiera a "un Parlamento con mayoría opuesta al socialismo, otorgar instrumentos legales para establecer tal sistema", así tampoco puede pedirnos a nosotros a los partidarios del socialismo, que negociáramos con las fuerzas opuestas al socialismo. Ese papel le correspondía a los otros sectores de la Unidad Popular. Durante el proceso hubo muchas oportunidades para negociar y transar. Si el sector reformista no las usó fue, o bien por incapacidad, o bien porque no llegó a comprender la gravedad del proceso que vivía Chile. Y si hubo otras razones, sería importante conocerlas. El debate sobre el libro de Eduardo Novoa — extremista en el más noble sentido del término — es un buen comienzo para aclarar las responsabilidades.

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