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lunes, 18 de julio de 2011

¿pudo evitarse el golpe militar en Chile?

Nota:Este artículo fue escaneado por los compañeros Jose Balaguer y Ricardo Acuña. usando el texto de la revista Chile America. Creo que su texto todavía tiene aspectos vigentes  y que harán meditar sobre la actual coyuntura chilena.Los subtítulos fueron añadidos por el gran periodista Murillo , quien dirigía la revista desde Roma.


LA RESPONSABILIDAD EN EL GOLPE DEL11 de SEPTIEMBRE
                                                                                                                                                                                                  MÁS SOBRE EL LIBRO DE EDUARDO NOVOA                                                                           ¿pudo evitarse el golpe en  CHILE? Artículo publicado                                                     en CHILE AMERICA  en 1979. 
           El comentario de Julio Silva en CHILE AMERI­CA 54-55 sobre el libro de Eduardo Novoa tiene en­tre otros el mérito de enfocar la atención sobre un problema básico: ¿Pudo evitarse el golpe en Chile? Y si podía evitarse: ¿De quién es la responsabilidad de que no se haya evitado? Si después de seis años del golpe militar todavía se discute y se argumenta, es porque el tema trascien­de la experiencia puramente chilena. Su trasfondo es realmente el de la viabilidad de la vía pacífica — no violenta — para construir el socialismo, tema que ha llenado páginas y páginas y ha dividido a los movimien­tos y partidos populares, tanto a escala nacional e in­ternacional, desde hace décadas. Como del comentario de Julio Silva se despren­de claramente que según él la responsabilidad funda­mental radicó en lo que denomina "la corriente extre­mista de la izquierda" por oponerse a "todo intento de negociar, transar, consolidar", parece necesario expo­ner algunas ideas sobre como se vió el proceso desde ese ángulo y perspectiva.                                                          
El tiempo no trabajaba en nuestro favor                                                Empecemos por aclarar que el sector de izquier­da de la izquierda que participó e influyó en el proce­so era reducido e inorgánico. Estaba integrado por una minoría en el PS., una minoría en el seno del MAPU y unas pocas personalidades independientes, entre ellas, muy destacadamente, Eduardo Novoa. Si nos referi­mos al primer año de gobierno — que en muchos sen­tidos fue el determinante de todo el proceso — el MIR no participó, ni siquiera para criticar al Gobierno.  Decimos que ese sector izquierdista era inorgáni­co porque efectivamente nunca tuvo lazos estructura­les o centralizadores y porque estaba en la práctica di­vidido en muchas tendencias. No corresponde en este comentario entrar en detalles, pero debemos señalar que si algún rasgo en común tenían todas las tenden­cias izquierdistas — como muy bien lo esboza Julio Silva - era la de querer ACELERAR el proceso. La continua oposición a "negociar, transar, consolidar" ve­nía de la profunda convicción teórica y práctica que el tiempo no trabajaba en nuestro favor y que sólo en la medida en que el proceso se llevara rápida y pro­fundamente hacia adelante había posibilidades de una "consolidación" favorable a las fuerzas populares y al socialismo. Y aquí llegamos a una encrucijada en que los puntos de vista se separan: La izquierda de la izquier­da habría aceptado negociaciones y transacciones — también las aceptaría ahora — si estas hubieran sal­vado el proceso hacia el socialismo, si estas hubieran asegurado que después de un período de consolidación, la marcha se hubiera reanudado. Pero esa no fue nues­tra visión de las cosas. Y hoy estamos convencidos que el hecho que las ideas izquierdistas se impusieran duran­te parte del proceso y que ese proceso se desarrollara cumpliendo los anhelos y las aspiraciones de las masas hace que — aunque derrotados- no se acuse al mo­vimiento político de haber traicionado al programa. Y por otra parte hace que el movimiento popular y el socialismo tengan futuro en Chile, aunque ese futuro esté aún lleno de riesgos e incertidumbres.                                                                                                                                                                                                                                                                   
Como una consecuencia de las características del sector izquierdista, los otros sectores de la Unidad Po­pular en el Gobierno — llámense el centro y la dere­cha, sin entrar en detalles — impusieron su criterio en la inmensa mayoría de los casos y prácticamente de­terminaron la orientación del Gobierno desde su inicio hasta el día del golpe. Se podrían dar múltiples ejem­plos de cómo la izquierda de la izquierda no jugó papel importante en las decisiones y como quienes esta­ban en posición de hacerlo, manteniendo su postura izquierdista, fueron desplazados de sus cargos. Ninguno de los partidos de la UP fue controlado por "izquierdistas" y el único caso en que eso ocurrió y hacia el final del proceso (el MAPU) fue dividido y neutralizado. Que la izquierda revolucionaria no jugara un papel de­cisivo en el Gobierno era algo lógico y explicable. No creía en la vía electoral, fue tomada de sorpresa y arrastrada hacia el proceso por la fuerza de los acon­tecimientos. La adhesión de compañeros "izquierdistas" en los distintos frentes de trabajo del gobierno y en los distintos niveles de dirección se hizo en el bien en­tendido que respetaban el camino elegido por la mayo­ría y las decisiones impuestas por el Presidente Allen­de. Por su parte - hay que decirlo claramente - el Presidente actuó con el más amplio espíritu y no se objetó por parte de él, a ninguna persona, por conoci­das que fueran sus tendencias revolucionarias, para de­sempeñar cargos. Fue una actitud de mutuo respeto que ojalá sirva de ejemplo hacia el futuro.   

Una confusión inexplicable
Julio Silva asigna en cambio un papel diferente y mucho más importante a la corriente extremista de la izquierda. Así escribe en su comentario: "Las diver­gencias entre esa línea de una parte, y la del Presiden­te Allende, el Partido Comunista y otros sectores, de otra, terminaron por empantanar y confundir a la Unidad Popular y al gobierno desde el punto de vista de la conducción política".
Aceptando que la caracterización de las fuerzas que, dentro de la UP. y el Gobierno, estuvieron por la consolidación del proceso desde sus etapas iniciales, no se explica por qué esas fuerzas terminaron "confusas" y perdiendo la conducción del proceso.
Eduardo Novoa en su libro da una explicación detallada del fenómeno desde el punto de vista del campo en el que a él le tocó actuar. Dice textualmente:
"Si se quiere aprovechar el sistema legal impe­rante para avanzar hacia modificaciones sustanciales del régimen, no bastará tener la razón jurídica, porque esta será negada". Como lo explica a través de sus páginas el sistema legal en un país capitalista forma par­te de una institucionalidad que en su conjunto está destinada a defender y perpetuar al régimen. Si en la institucionalidad vigente hay brechas o resquicios que permiten avanzar hacia el cambio de sistema, el resto del aparato legal reacciona contra los cambios, como si estos fueran un cuerpo extraño. Eso es lo que ocu­rrió en Chile.”
El campo legal es sólo uno de los aspectos que pueden explicar lo que ocurrió en el proceso. No pre­tendemos en este breve análisis abordar en su conjunto los distintos aspectos que determinaron el curso de los acontecimientos chilenos. Nos limitaremos a exponer un aspecto de él que a nuestro juicio es fundamental para su comprensión: la relación economía — política.
Política y economía
Quienes vivimos el proceso chileno desde dentro, sumergidos en las decisiones políticas y económicas de todos los días, podemos distinguir claramente dos eta­pas:
La primera va desde el inicio del gobierno hasta fines de 1971 o comienzos del 72. La segunda, desde esa época hasta el golpe.
En la primera etapa, la política domina a la eco­nomía y hay alternativas para las decisiones del Gobier­no. En la segunda etapa, la economía determina a la política y las alternativas se van haciendo cada vez más restringidas. Las decisiones se deben tomar a la defen­siva y como pie forzado para la supervivencia del Go­bierno y el proceso.
¿De dónde vino ese cambio tan importante en la relación de fuerzas y en la generación de los aconteci­mientos?
¿Por qué el Gobierno Popular pudo superar fá­cilmente el caos económico (la campaña de terror de Zaldívar) cuando recién se asume el mando y no puede superar los problemas de la segunda etapa?
Julio Silva argumenta que la responsabilidad del empeoramiento cae sobre "la corriente extremista de la izquierda" y que por tanto pudo haberse evitado con otra actitud de esa izquierda o tal vez, eliminando su influencia en el proceso.
Nuestra explicación es diferente.
A principios de 1972 las transformaciones econó­micas llevaron la estructura productiva del país a un punto tal de inestabilidad que era imposible, cualquie­ra que fuesen los deseos de las directivas políticas, de alcanzar su consolidación.
Era forzoso avanzar o retroceder.
Así como Julio Silva deduce de los documentos publicados de la ITT y de la CIA, que no era simple­mente cuestión de apretar el botón para derribar el Gobierno en los primeros meses, así tal vez debiera sorprenderse con el hecho que se pudiera desestabilizar nuestra economía con sólo unos pocos millones de dó­lares. Eso sólo pudo ocurrir cuando nuestra economía estuvo ya en situación inestable. La inestabilidad se caracterizó porque dejó de funcionar el sistema econó­mico capitalista y no fue reemplazado por un sistema nuevo. Se produjo así una situación crecientemente caótica.
Hacia fines de 1971 se habían materializado "le­galmente" tres grandes cambios económicos: la nacio­nalización del cobre, la reforma agraria y la naciona­lización de la banca. Ninguna de esas tres medidas comprometió gravemente el funcionamiento del siste­ma capitalista. Los países europeos más prósperos han efectuado algunos cambios parecidos sin alterar la so­ciedad capitalista. Por el contrario, parecen haber for­talecido y consolidado el aparato estatal y el dominio de sus clases burguesas.
Distinta es la importancia que adquiere la pro­piedad social sobre los medios de producción industrial que es donde puede generarse gran parte del exceden­te económico. La formación de un área social de la economía en el campo de la industria manufacturera resulta ser un problema vital para la supervivencia del capitalismo. Por eso, los verdaderos problemas del pro­ceso chileno empezaron cuando se abordó seriamente la formación del área social en el sector de la indus­tria manufacturera. El sector izquierdista tuvo en claro, desde un principio, que el área social de la economía debía ser establecida lo antes posible y con una dimen­sión suficiente como para asegurar un funcionamiento eficiente.
La falta de definición al respecto, las vacila­ciones, las confusas normas para negociar empresas en los primeros meses del gobierno, cuando los empresa­rios hacían colas solicitando traspasar sus empresas al Estado, no fue responsabilidad de los izquierdistas. Por el contrario, la plena conciencia que el caos resul­tante iba a favorecer a la reacción nos hizo proponer una y otra vez que lo que se iba a hacer había que hacerlo lo antes posible y sin demoras. Lamentablemen­te esos no fueron los criterios predominantes en el Go­bierno.
Carencia de dirección
Llegamos así nuevamente a la pregunta con que iniciamos este análisis:
¿Pudo evitarse el golpe?
Nuestra respuesta es, sí. A condición de no haber construido el socialismo.
¿De quién es la responsabilidad de no haberlo evitado?
Los izquierdistas somos los primeros en recono­cer que en el proceso chileno faltó una dirección re­volucionaria capaz de sacar a las masas del cauce ins­titucional e imponer un curso diferente a los aconte­cimientos. Esa fue nuestra falla y nuestra limitación.
Pero en cambio, lo que no se quiere reconocer es que al proceso le faltó una dirección consecuente­mente reformista y que esa fue la causa fundamental de la derrota.
Así como Julio Silva: dice que no era posible que se le exigiera a "un Parlamento con mayoría opues­ta al socialismo, otorgar instrumentos legales para esta­blecer tal sistema", así tampoco puede pedirnos a no­sotros a los partidarios del socialismo, que negociára­mos con las fuerzas opuestas al socialismo. Ese papel le correspondía a los otros sectores de la Unidad Po­pular. Durante el proceso hubo muchas oportunidades para negociar y transar. Si el sector reformista no las usó fue, o bien por incapacidad, o bien porque no llegó a comprender la gravedad del proceso que vivía Chile. Y si hubo otras razones, sería importante cono­cerlas. El debate sobre el libro de Eduardo Novoa — extremista en el más noble sentido del término — es un buen comienzo para aclarar las responsabilidades.

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