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lunes, 18 de agosto de 2014

REINOSISMO , Una nota introductoria.

Una nota del autor de “La conspiración reinosista”

¿Por qué parece haber interés  en  un pequeño movimiento disidente comunista  de los años 50?
Puede haber varias explicaciones.

La con mayor probabilidad de ser cierta es el enorme  entusiasmo por las ciencias sociales y la  gran cantidad  de estudiantes  que buscan títulos y temas para sus tesis de grado y  para quienes el Movimiento de Resistencia Antiimperialista o MRA así como las disidencias pro chinas y las socialdemócratas  tienen un cierto atractivo académico en la historia política chilena.

Pero también es posible otra explicación.
Hay una teoría con base científica que dice que cuando una persona levanta un brazo
mueve un poco a nuestro sol. Lo mueve muy, muy poco, pero lo mueve.
Con la política pasa algo parecido .Cualquier acción  en el campo político produce un efecto, puede que sea muy pequeño, pero lo produce. Tal vez exista una legítima  curiosidad científica por saber que efecto  tuvo en el curso de la política chilena el que el partido comunista haya desestimado durante 20 años  el uso de la fuerza y de las armas y si hubo alternativas  al golpe militar de 1973 y a los 17 años de dictadura.

En la época en que se desarrollaron los acontecimientos de que se da cuenta en este relato, el camino  de los comunistas para  llegar al socialismo, no estaba en discusión en el interior del PC. El dogmatismo leninista dominante enseñaba que era necesario utilizar todas las vías que ofrecía la democracia burguesa para llegar al poder, es decir, la vía electoral, el parlamento y, si las condiciones se daban, la vía violenta o insurreccional. El comunismo y todas las  fuerzas políticas marxistas a nivel mundial vivían aceptando como verdad científica que se estaba en la etapa final del capitalismo , que este sufría  su crisis general  y que le sería imposible evitar  una crisis económica , por lo menos tan profunda  como la que lo estremeció  entre los años 1929 y 1932.
Una y otra vez se leían explicaciones desde distintas fuentes teóricas marxistas incluidas las soviéticas del por que la esperada crisis aún no se producía.
O sea, la insurrección como culminación  de la etapa  de conquista del poder estaba  incorporada en la estructura teórica de los comunistas. No se discutía y ni siquiera Galo González  cuando  decide la expulsión de Reinoso y su equipo, lo acusa de preparar una insurrección , sino que usa un término de moda que caracterizó la ascensión de Hitler al poder : el Putsch , es decir un golpe de fuerza por el que un pequeño grupo  se apodera del gobierno y lo captura violentamente .
Otro tema que desapareció del análisis interno fue el hecho, comprobado muchas veces en las décadas siguientes, que una insurrección armada, no se puede improvisar. ¿Cómo un partido o alianza de partidos desarmados podría alzarse en armas de la noche a la mañana y llegar al gobierno apoyado por grandes masas insurrectas también desarmadas y sin ninguna experiencia en el terreno militar?
La vía pacífica como único camino de la revolución chilena, aún no estaba en el tapete de la discusión. Como se podrá ver  la expresión “pacífica” era inaceptable para el dogmatismo marxista leninista de la época. Por eso no se produjo ningún debate político  con argumentos y con un contenido basado en  un análisis serio de lo que era Chile en los años 50. Por el contrario, se caricaturizó al grupo  original de Reinoso como putschista sin argumentos ni pruebas.
En realidad en el MRA nunca existió ese planteamiento y ni siquiera se mencionó en sus documentos la posibilidad de un golpe de estado o de recurrir al terrorismo como
arma de lucha política. Incluso las acciones del activo militar comunista  denunciadas por Galo González en sus diatribas, como asaltos a panaderías y reparto del pan a las poblaciones vecinas, podrían hoy ser consideradas extremistas, pero en ningún caso terroristas o putschistas.
Algunos años más tarde y a partir de la derrota de las dos primeras candidaturas de Salvador Allende a la Presidencia de la República se discutió extensamente la necesidad de usar las dos vías para llegar al poder, la pacífica y la violenta,  privilegiando una u otra de acuerdo a la correlación de fuerzas sociales y de la preparación de los trabajadores...Fue precisamente el Partido Comunista , ya dirigido por Luís  Corvalán , el que combatió la simultaneidad de las dos vías posibles para llegar al socialismo con el argumento de que defender y aplicar la vía violenta era incompatible con la pacífica, pues se perjudicaba la credibilidad  de un triunfo electoral, encabezado por los comunistas y una coalición de izquierda.

Entonces ¿por qué se ahogó el debate en el seno del PC chileno en los 50?
Fundamentalmente porque en el comunismo chileno no existía la cultura del debate político y mucho menos de analizar y elaborar la política basada en la realidad social y en la participación de los ciudadanos.

Las alternativas políticas sólo se resolvían por la ruptura  y división de los PC. Generalmente uno de los sectores seguía estrictamente fiel a Moscú y el escindido, sin renegar de su adhesión incondicional a Moscú, trataba de ganarse su respeto y reconocimiento.
Los ejemplos abundan.
Sucedió en Colombia con la división y separación de una guerrilla formada hace 43 años y que domina un buen tercio del territorio nacional... Sucedió en Uruguay  con la formación de los Tupamaros , y su heroica lucha en un país en que no se podía pensar en una guerrilla rural. También se dividió el PC do Brasil, con su líder  Joao Amazonas quien tenía  una personalidad muy parecida a la de Luís Reinoso. Hasta ahora existen  dos Partidos Comunistas en Brasil, y eso que ninguno de los dos puede aspirar al reconocimiento de Moscú.
El triunfo de la revolución cubana y la forma como La Habana privilegió en sus primeros años, la vía armada  y la teoría del foco guerrillero conmocionaron el panorama latinoamericano y disputó a Moscú la influencia  sobre los partidos comunistas del subcontinente. Tal vez la forma más trágica en que se dio el choque de influencias es el del PC de Bolivia, que en parte se comprometió con la guerrilla del Che Guevara, y la parte oficial moscovita, que le negó el apoyo.
En la etapa siguiente, la revolución cubana debe retroceder y plegarse a la línea de Moscú. Así como cada partido comunista  dependía del apoyo económico de la URSS. así el Gobierno Revolucionario de Cuba en la emergencia económica, tuvo que someterse a  lo que Moscú  aceptaba en el continente y se adecuaba a sus relaciones con los EE.UU.

Casi en forma continua, sin ruptura en el tiempo, ni en las discusiones al interior de los partidos, hace su ingreso en América Latina la influencia del Partido Comunista de China, quien rompe en la década del 60 con el PC de la URSS y trata de ganar influencia sobre los PC latinoamericanos.
No está todavía en claro si hubo entre China y la URSS una auténtica controversia política sobre las vías al socialismo, o si la influencia en el movimiento comunista se veía por parte de los chinos como un elemento más de negociación  por la hegemonía  en  el mundo comunista y por quien y como podría usar su potencial en las negociaciones internacionales. Los chinos, fieles herederos de Stalin, usaron la forma más simple de conquistar influencia, es decir ofrecieron recursos financieros a los grupos que se separaban del tronco central comunista.
Este proceso de ganar influencia que obtiene resultados muy disímiles en  los distintos países latinoamericanos se interrumpe poco después de la llamada Revolución Cultural China, de la muerte de Mao Tse Tung y del vuelco de la economía china hacia una economía de mercado, en que el PC chino se reserva el control total del gobierno, del movimiento social y de las grandes decisiones económicas.

A través de este período de 20 años que cubren las décadas de los años 50 y 60, una cosa  permanece invariable: el estilo de los PC. de no aceptar discusiones de su línea política. Como se relatará  en este texto, la línea política se decidía en Moscú  y  su acatamiento estaba férreamente vinculado a los recursos económicos que el PCUS  aportaba año a año. La dependencia impedía las discusiones y a lo sumo lo que podía hacerse era interpretar lo que Moscú indicaba, a veces  en forma bastante poco clara. No les importaba que los términos  políticos usados fueran  extraños a la realidad nacional del país “orientado”, si esa confusión permitía a Moscú jugar más libremente con su política internacional. En el año 1951 en que se inician los acontecimientos de este relato el grupo dirigente encabezado por Galo González recibió evidentemente el pleno respaldo de Moscú. Ese respaldo fue probablemente determinado por la debilidad de la URSS en  el período  de post guerra mundial que le impedía intentar aventuras armadas y enfrentar  a EE.UU. en países lejanos de sus fronteras Esa situación cambió en los 10 años siguientes  y  culminó con el envío de los misiles a Cuba en el año 1962.

Como una prueba de la ambigüedad  con que  la orientación política  se  ejercía sobre los PC latinoamericanos puede señalarse que en el viaje  que en 1965 Benjamín Cares hizo a China en representación de la Vanguardia Revolucionaria Marxista, parcialmente heredera del MRA.,los chinos le explicaron  que preferían se usara el término   “nacionalizar”-las empresas mineras  en lugar de “estatizar” pues era un término suficientemente vago que podía interpretarse como que se  expropiaría sólo a las empresas extranjeras , o que pasarían  a manos de la nación o el estado, pero que también se podría entender que se daría propiedad a los empresarios chilenos. Finalmente el término que se usó en Chile en 1971 fue el de “nacionalizar”-el cobre, concepto que no impidió que la dictadura de Pinochet   extendiera  la propiedad  de los yacimientos mineros  a los capitales privados  chilenos y extranjeros otorgando concesiones sin necesidad de modificar en esa parte la constitución política de Chile.

El MRA, como se verá,  no logró cambiar la línea política del PC y muy marginalmente logró influir teóricamente sobre  la militancia  comunista joven .Sin embargo la lucha interna en el seno de los comunistas tuvo como efecto consolidar la  troica dirigente respaldada desde Moscú y también la vía pacífica como única vía hacia el socialismo Además ese grupo dirigente casi sin cambio de personas  permaneció al mando del PC durante los 20 años siguientes, y fue determinante del curso político que condujo al desenlace de Septiembre de 1973.

Cuando al iniciar esta introducción se mencionó que en política , todo accionar produce algún cambio, por pequeño que parezca, se estaba haciendo mención precisamente a esa consolidación de una línea política que resultó equivocada , que no condujo al cambio de sistema social, sino que, por el contrario, hizo que Chile enfrentara una larga dictadura.
De la troica dirigente del PC. sobreviven  en el 2008 algunos de sus más destacados integrantes. Ellos en un pacto de secreto, parecido al que unió a los militares pinochetistas, no hablan sobre el pasado o sobre los hechos verdaderos en la historia de los comunistas chilenos. Ni siquiera han hecho un buen análisis  crítico de lo que fue su adhesión incondicional a la URSS, al estalinismo, a los crímenes  políticos contra los propios comunistas  soviéticos y contra la población en general de Rusia y de las nacionalidades que formaron la Unión Soviética y los países  de la órbita soviética.[1]
El acceso  a los archivos de la ex Unión Soviética ha permitido enterarse de algunos hechos importantes, pero no de todos. Gran mérito de ello pertenece a  la investigadora  rusa, Sra. Olga Ulianova, quien ha podido documentarse  en los  archivos antes secretos a medida que se abren.



[1] Orlando Millas durante su exilio en Holanda y hasta su fallecimiento en Diciembre de 1991 es el único que ha escrito 4 Volúmenes de Memorias en los cuales relata  su frustración  por el fracaso de la construcción del socialismo a la “soviética”. Si bien es muy cuidadoso de no romper con su incondicional adhesión al PC chileno, da bastante luz sobre algunos personajes y  acontecimientos.

sábado, 10 de marzo de 2012

An unprecedent situation.O UNA SITUACION SIN PRECEDENTES

CHILE : AN UNPRECEDENT SITUATION
En Noviembre de 1972  en la revista  Monthly Review se publicó  una corta nota que
titularon  “ Una situación sin precedentes”. Es la que se reproduce más abajo.
 La situación chilena inquietaba grandemente a la intelectualidad de izquierda
Norteamericana. Ya en Enero de 1972 , la revista Monthly Review en inglés publicó un análisis
De Paul M. Sweezy  titulado “CHILE  ¿Avance o retroceso?”. En ese artículo
Sweezy citó un largo párrafo del artículo que escribí con el pseudónimo de
Héctor Benavides publicado en la revista Indoamérica , en Enero de 1971.
Como ese artículo está publicado completo en este mismo blog  sólo  es necesario
 señalar que su principal argumento era que el proceso chileno no se podía consolidar,
como lo planteaba el PC. chileno, pues los cambios efectuados hasta ese momento
 se habían hecho dentro del  sistema capitalista. Que el área social de la economía
 principalmente  en el sector industrial no  estaba  aun ni bien estructurada, ni bien integrada .
 Que los cambios podían revertirse  y el  capitalismo restaurarse.
 Sweezy defendió ese planteamiento y en Marzo de 1972  Monthly Review  publicó
un artículo del joven Andrew Zimbalist , quien había  estado recién en Chile, en el cual  defendía
 la necesidad de consolidar lo hecho .
Los editores de la revista me pidieron con urgencia una nota sobre la situación chilena 

La revista la fechó en Febrero de 1973 y la hizo aparecer como escrita por uno de dos

 corresponsales en Chile. Tituló en común para las dos notas

“Chile: una situación sin precedentes”,
En 1974 , después del golpe militar la editorial Monthly Review Press  recopiló en un
 libro todos los artículos escritos sobre  Chile y lo tituló: “Revolución y Contrarevo-
Lución en Chile”. En ese libro apareció la nota en inglés. No tengo copia del texto original,
 de modo que lo he   retraducido desde el inglés, para quienes quieran conocer lo que
pensábamos  en los meses previos al golpe , meses llenos de angustia teórica y práctica.
Una situación sin precedentes
La situación política en Chile ha cambiado fundamentalmente en  estos dos meses; La burguesía alarmada  por el avance del proceso, planeó una ofensiva total que casi derribó al gobierno: una huelga de los empresarios, almaceneros, profesionales y dueños de camiones, que tuvo el apoyo de virtualmente toda las capas medias. Fue una situación curiosa casi sin precedente histórico.
1,-La clase trabajadora  en la industria, minas, agricultura y construcción, libró una batalla defensiva, esto es , sintió que había sido agredida como clase por el sector  propietario y como clase siguió yendo a trabajar  y mantuvo la maquinaria  en funciones en ausencia de los gerentes , de los ingenieros y a veces incluso sin personal administrativo. Fue una magnífica lucha que duró 20 días en los cuales se probó que el país no podía paralizarse por la decisión de los patrones: pero fue una batalla defensiva.
2.-Los empresarios tuvieron éxito en montar una extraordinaria  acción ofensiva y bajo su liderazgo se sumaron a la lucha grandes sectores de la pequeña burguesía entre ellos casi todos los profesionales, de médicos a ingenieros, de abogados a empleados bancarios y funcionarios de gobierno. Sólo los militantes de la Unidad Popular continuaron trabajando, eso es algo menos que el 25% de la cantidad total. El mayor éxito patronal estuvo en la huelga de los transportistas privados y de los portuarios; sólo  el ferrocarril continuó funcionando. Los negocios  minoristas pararon totalmente.
3.- Después de veinte días la huelga empezó a perder fuerza, pues tanto los transportistas  como los pequeños comerciantes empezaron a debilitarse económicamente. En ese momento Allende usando al  ejército como intermediario les tendió una cuerda salvadora. Les hizo un llamado para volver al trabajo prometiendo que no habría represalias y ofreciendo algunas concesiones menores; en realidad  les dio una salida a su crisis permitiéndoles salvar  su fachada en un momento en que estaban prácticamente derrotados. Y  ¿si no estuvieran derrotados? Entonces en diez días o dos semanas las fábricas y las minas se habrían detenido por falta de transporte y podría haber habido miles de trabajadores en las calles, realmente desesperados porque no habrían podido trabajar ni recibir sus salarios y entonces el enfrentamiento armado habría sido inevitable. Esa es  la razón dada para formar un ministerio con militares que intervino en la vida política para evitar la confrontación e impedir la destrucción del poder político y económico del capitalismo paralizando el proceso político.
El nombramiento de dos líderes de la Central Única de Trabajadores como ministros del trabajo y de agricultura en el gabinete militar, fue una simple maniobra de Allende y una manera de ocultar el verdadero propósito del gabinete militar protegiendo así la imagen del gobierno frente a la opinión pública.
El sector más político de la masa trabajadora quedó sorprendido y paralizado. Durante dos años se le había dicho que podía producirse un golpe militar y de repente los militares le fueron presentados como defensores y salvadores del gobierno de la UP.
Aunque no está la información con detalles,  se sabe que Allende notificó al Partido Socialista que en Chile no había un proceso de construcción  socialista, que su gobierno era simplemente popular, nacionalista y democrático. En razón de que es legal recibe el apoyo de las fuerzas armadas, como es popular recibe el respaldo de los trabajadores. Nada más que eso. Que así intenta terminar su período de gobierno que dura 4 años más.
Habrá elecciones parlamentarias en Marzo. El siguiente paso de Allende es tratar que los Demócratas Cristianos se integren al gobierno, y en ese esfuerzo es apoyado por un pequeño sector ”izquierdista” de  la Democracia Cristiana. Pero para que esto ocurra, la condición más importante es que la extrema derecha política tenga un significativo aumento de votos en esa elección llegando a un 24 a 30 % de la votación. Como a partir de que la UP llegará a un 40% del electorado, la Democracia Cristiana no podrá reclamar el derecho a dirigir la oposición y tendrá que considerar una alianza electoral con la “izquierda”.
Los elementos revolucionarios no tienen la fuerza suficiente para sacar el proceso de su trayectoria electoral. Tampoco la extrema derecha tiene la fuerza suficiente para detener las elecciones de Marzo.
Una vez más son las masas las que deben tomar la iniciativa como ya lo hicieron en las primeras etapas del proceso chileno. Para  ellas  es necesario:
1,. Que otras cien o doscientas empresas industriales se incorporen al área social de la economía y
2.-Que se  organice un sistema de distribución estatal de bienes de consumo, que tenga independencia de la red comercial capitalista y que ella sea apoyada por los campesinos  sin tierra.
Las masas están sin un verdadero  liderazgo político. Una vez más el Partido Comunista se ha limitado a hacer un llamado a la “liberación nacional”. El Partido Socialista, que resistió la formación del ministerio militar hasta el último minuto, cedió ante la presión a que fue sometido por Allende, por los altos funcionarios de gobierno y por su propia ala  interna derechista. El MIR está en crisis y no está jugando un rol importante .
¿es posible un reagrupamiento de las fuerzas revolucionarias? Por supuesto que lo es.
Pero nada es nunca fácil para la izquierda. Si ahora algunos de nosotros estamos desalentados es precisamente porque fuimos víctimas de la idea  que la situación era mejor de lo que realmente era  y que el proceso se había vuelto irreversible, que estábamos realmente avanzando hacia el socialismo.
Eso no fue ni es ahora cierto. Deberemos  luchar  más intensamente.


lunes, 18 de julio de 2011

¿pudo evitarse el golpe militar en Chile?

Nota:Este artículo fue escaneado por los compañeros Jose Balaguer y Ricardo Acuña. usando el texto de la revista Chile America. Creo que su texto todavía tiene aspectos vigentes  y que harán meditar sobre la actual coyuntura chilena.Los subtítulos fueron añadidos por el gran periodista Murillo , quien dirigía la revista desde Roma.


LA RESPONSABILIDAD EN EL GOLPE DEL11 de SEPTIEMBRE
                                                                                                                                                                                                  MÁS SOBRE EL LIBRO DE EDUARDO NOVOA                                                                           ¿pudo evitarse el golpe en  CHILE? Artículo publicado                                                     en CHILE AMERICA  en 1979. 
           El comentario de Julio Silva en CHILE AMERI­CA 54-55 sobre el libro de Eduardo Novoa tiene en­tre otros el mérito de enfocar la atención sobre un problema básico: ¿Pudo evitarse el golpe en Chile? Y si podía evitarse: ¿De quién es la responsabilidad de que no se haya evitado? Si después de seis años del golpe militar todavía se discute y se argumenta, es porque el tema trascien­de la experiencia puramente chilena. Su trasfondo es realmente el de la viabilidad de la vía pacífica — no violenta — para construir el socialismo, tema que ha llenado páginas y páginas y ha dividido a los movimien­tos y partidos populares, tanto a escala nacional e in­ternacional, desde hace décadas. Como del comentario de Julio Silva se despren­de claramente que según él la responsabilidad funda­mental radicó en lo que denomina "la corriente extre­mista de la izquierda" por oponerse a "todo intento de negociar, transar, consolidar", parece necesario expo­ner algunas ideas sobre como se vió el proceso desde ese ángulo y perspectiva.                                                          
El tiempo no trabajaba en nuestro favor                                                Empecemos por aclarar que el sector de izquier­da de la izquierda que participó e influyó en el proce­so era reducido e inorgánico. Estaba integrado por una minoría en el PS., una minoría en el seno del MAPU y unas pocas personalidades independientes, entre ellas, muy destacadamente, Eduardo Novoa. Si nos referi­mos al primer año de gobierno — que en muchos sen­tidos fue el determinante de todo el proceso — el MIR no participó, ni siquiera para criticar al Gobierno.  Decimos que ese sector izquierdista era inorgáni­co porque efectivamente nunca tuvo lazos estructura­les o centralizadores y porque estaba en la práctica di­vidido en muchas tendencias. No corresponde en este comentario entrar en detalles, pero debemos señalar que si algún rasgo en común tenían todas las tenden­cias izquierdistas — como muy bien lo esboza Julio Silva - era la de querer ACELERAR el proceso. La continua oposición a "negociar, transar, consolidar" ve­nía de la profunda convicción teórica y práctica que el tiempo no trabajaba en nuestro favor y que sólo en la medida en que el proceso se llevara rápida y pro­fundamente hacia adelante había posibilidades de una "consolidación" favorable a las fuerzas populares y al socialismo. Y aquí llegamos a una encrucijada en que los puntos de vista se separan: La izquierda de la izquier­da habría aceptado negociaciones y transacciones — también las aceptaría ahora — si estas hubieran sal­vado el proceso hacia el socialismo, si estas hubieran asegurado que después de un período de consolidación, la marcha se hubiera reanudado. Pero esa no fue nues­tra visión de las cosas. Y hoy estamos convencidos que el hecho que las ideas izquierdistas se impusieran duran­te parte del proceso y que ese proceso se desarrollara cumpliendo los anhelos y las aspiraciones de las masas hace que — aunque derrotados- no se acuse al mo­vimiento político de haber traicionado al programa. Y por otra parte hace que el movimiento popular y el socialismo tengan futuro en Chile, aunque ese futuro esté aún lleno de riesgos e incertidumbres.                                                                                                                                                                                                                                                                   
Como una consecuencia de las características del sector izquierdista, los otros sectores de la Unidad Po­pular en el Gobierno — llámense el centro y la dere­cha, sin entrar en detalles — impusieron su criterio en la inmensa mayoría de los casos y prácticamente de­terminaron la orientación del Gobierno desde su inicio hasta el día del golpe. Se podrían dar múltiples ejem­plos de cómo la izquierda de la izquierda no jugó papel importante en las decisiones y como quienes esta­ban en posición de hacerlo, manteniendo su postura izquierdista, fueron desplazados de sus cargos. Ninguno de los partidos de la UP fue controlado por "izquierdistas" y el único caso en que eso ocurrió y hacia el final del proceso (el MAPU) fue dividido y neutralizado. Que la izquierda revolucionaria no jugara un papel de­cisivo en el Gobierno era algo lógico y explicable. No creía en la vía electoral, fue tomada de sorpresa y arrastrada hacia el proceso por la fuerza de los acon­tecimientos. La adhesión de compañeros "izquierdistas" en los distintos frentes de trabajo del gobierno y en los distintos niveles de dirección se hizo en el bien en­tendido que respetaban el camino elegido por la mayo­ría y las decisiones impuestas por el Presidente Allen­de. Por su parte - hay que decirlo claramente - el Presidente actuó con el más amplio espíritu y no se objetó por parte de él, a ninguna persona, por conoci­das que fueran sus tendencias revolucionarias, para de­sempeñar cargos. Fue una actitud de mutuo respeto que ojalá sirva de ejemplo hacia el futuro.   

Una confusión inexplicable
Julio Silva asigna en cambio un papel diferente y mucho más importante a la corriente extremista de la izquierda. Así escribe en su comentario: "Las diver­gencias entre esa línea de una parte, y la del Presiden­te Allende, el Partido Comunista y otros sectores, de otra, terminaron por empantanar y confundir a la Unidad Popular y al gobierno desde el punto de vista de la conducción política".
Aceptando que la caracterización de las fuerzas que, dentro de la UP. y el Gobierno, estuvieron por la consolidación del proceso desde sus etapas iniciales, no se explica por qué esas fuerzas terminaron "confusas" y perdiendo la conducción del proceso.
Eduardo Novoa en su libro da una explicación detallada del fenómeno desde el punto de vista del campo en el que a él le tocó actuar. Dice textualmente:
"Si se quiere aprovechar el sistema legal impe­rante para avanzar hacia modificaciones sustanciales del régimen, no bastará tener la razón jurídica, porque esta será negada". Como lo explica a través de sus páginas el sistema legal en un país capitalista forma par­te de una institucionalidad que en su conjunto está destinada a defender y perpetuar al régimen. Si en la institucionalidad vigente hay brechas o resquicios que permiten avanzar hacia el cambio de sistema, el resto del aparato legal reacciona contra los cambios, como si estos fueran un cuerpo extraño. Eso es lo que ocu­rrió en Chile.”
El campo legal es sólo uno de los aspectos que pueden explicar lo que ocurrió en el proceso. No pre­tendemos en este breve análisis abordar en su conjunto los distintos aspectos que determinaron el curso de los acontecimientos chilenos. Nos limitaremos a exponer un aspecto de él que a nuestro juicio es fundamental para su comprensión: la relación economía — política.
Política y economía
Quienes vivimos el proceso chileno desde dentro, sumergidos en las decisiones políticas y económicas de todos los días, podemos distinguir claramente dos eta­pas:
La primera va desde el inicio del gobierno hasta fines de 1971 o comienzos del 72. La segunda, desde esa época hasta el golpe.
En la primera etapa, la política domina a la eco­nomía y hay alternativas para las decisiones del Gobier­no. En la segunda etapa, la economía determina a la política y las alternativas se van haciendo cada vez más restringidas. Las decisiones se deben tomar a la defen­siva y como pie forzado para la supervivencia del Go­bierno y el proceso.
¿De dónde vino ese cambio tan importante en la relación de fuerzas y en la generación de los aconteci­mientos?
¿Por qué el Gobierno Popular pudo superar fá­cilmente el caos económico (la campaña de terror de Zaldívar) cuando recién se asume el mando y no puede superar los problemas de la segunda etapa?
Julio Silva argumenta que la responsabilidad del empeoramiento cae sobre "la corriente extremista de la izquierda" y que por tanto pudo haberse evitado con otra actitud de esa izquierda o tal vez, eliminando su influencia en el proceso.
Nuestra explicación es diferente.
A principios de 1972 las transformaciones econó­micas llevaron la estructura productiva del país a un punto tal de inestabilidad que era imposible, cualquie­ra que fuesen los deseos de las directivas políticas, de alcanzar su consolidación.
Era forzoso avanzar o retroceder.
Así como Julio Silva deduce de los documentos publicados de la ITT y de la CIA, que no era simple­mente cuestión de apretar el botón para derribar el Gobierno en los primeros meses, así tal vez debiera sorprenderse con el hecho que se pudiera desestabilizar nuestra economía con sólo unos pocos millones de dó­lares. Eso sólo pudo ocurrir cuando nuestra economía estuvo ya en situación inestable. La inestabilidad se caracterizó porque dejó de funcionar el sistema econó­mico capitalista y no fue reemplazado por un sistema nuevo. Se produjo así una situación crecientemente caótica.
Hacia fines de 1971 se habían materializado "le­galmente" tres grandes cambios económicos: la nacio­nalización del cobre, la reforma agraria y la naciona­lización de la banca. Ninguna de esas tres medidas comprometió gravemente el funcionamiento del siste­ma capitalista. Los países europeos más prósperos han efectuado algunos cambios parecidos sin alterar la so­ciedad capitalista. Por el contrario, parecen haber for­talecido y consolidado el aparato estatal y el dominio de sus clases burguesas.
Distinta es la importancia que adquiere la pro­piedad social sobre los medios de producción industrial que es donde puede generarse gran parte del exceden­te económico. La formación de un área social de la economía en el campo de la industria manufacturera resulta ser un problema vital para la supervivencia del capitalismo. Por eso, los verdaderos problemas del pro­ceso chileno empezaron cuando se abordó seriamente la formación del área social en el sector de la indus­tria manufacturera. El sector izquierdista tuvo en claro, desde un principio, que el área social de la economía debía ser establecida lo antes posible y con una dimen­sión suficiente como para asegurar un funcionamiento eficiente.
La falta de definición al respecto, las vacila­ciones, las confusas normas para negociar empresas en los primeros meses del gobierno, cuando los empresa­rios hacían colas solicitando traspasar sus empresas al Estado, no fue responsabilidad de los izquierdistas. Por el contrario, la plena conciencia que el caos resul­tante iba a favorecer a la reacción nos hizo proponer una y otra vez que lo que se iba a hacer había que hacerlo lo antes posible y sin demoras. Lamentablemen­te esos no fueron los criterios predominantes en el Go­bierno.
Carencia de dirección
Llegamos así nuevamente a la pregunta con que iniciamos este análisis:
¿Pudo evitarse el golpe?
Nuestra respuesta es, sí. A condición de no haber construido el socialismo.
¿De quién es la responsabilidad de no haberlo evitado?
Los izquierdistas somos los primeros en recono­cer que en el proceso chileno faltó una dirección re­volucionaria capaz de sacar a las masas del cauce ins­titucional e imponer un curso diferente a los aconte­cimientos. Esa fue nuestra falla y nuestra limitación.
Pero en cambio, lo que no se quiere reconocer es que al proceso le faltó una dirección consecuente­mente reformista y que esa fue la causa fundamental de la derrota.
Así como Julio Silva: dice que no era posible que se le exigiera a "un Parlamento con mayoría opues­ta al socialismo, otorgar instrumentos legales para esta­blecer tal sistema", así tampoco puede pedirnos a no­sotros a los partidarios del socialismo, que negociára­mos con las fuerzas opuestas al socialismo. Ese papel le correspondía a los otros sectores de la Unidad Po­pular. Durante el proceso hubo muchas oportunidades para negociar y transar. Si el sector reformista no las usó fue, o bien por incapacidad, o bien porque no llegó a comprender la gravedad del proceso que vivía Chile. Y si hubo otras razones, sería importante cono­cerlas. El debate sobre el libro de Eduardo Novoa — extremista en el más noble sentido del término — es un buen comienzo para aclarar las responsabilidades.

domingo, 24 de abril de 2011

EL IZQUIERDISMO COMO POSICION IDEOLOGICA

Este artículo fue escrito en 1972 y publicado en el N°20 de la revista Posición . No se encontró su original , pero fue publicado por la editorial Maspero , en 1974 en un libro como “Le Chile est Proche” , junto con una recopilación de artículos todos traducidos al francés .José Balaguer , lo escaneo y lo retradujo con un programa automático que debió ser corregido trabajosamente. La versión es fiel , pero puede haber pequeñas variaciones. Fue publicado en la edición electrónica de Arauco N° 3 en Abril de 2011.
El izquierdismo
Una posición ideológica
¿Quién tiene la razón?

 En todo  proceso revolucionario, hay fuerzas políticas de izquierda, de centro o de derecha en la dirección del proceso. El problema es que no hay manera de saber por adelantado cuál es la posición relativa de las fuerzas políticas durante el desarrollo de un proceso de cambio. Sólo la historia  reubica críticamente y juzga a cada partido socialista y a cada personalidad dentro de su contexto.
Esto es tanto más cierto cuando se piensa que en el interior mismo de la izquierda existen corrientes a veces mal definidas, de modo que no se  aprecia  bien quien es de izquierda realmente, y quien no lo es; aun  más, al interior de cada partido o movimiento puede haber una lucha de tendencias y la existencia de ciertas ideas políticas que reflejan el deseo de dirigir el proceso  por diferentes medios Esto constituye la esencia de la dialéctica que no es sólo válida  para los procesos históricos en su conjunto sino que  también para los que ejecutan los procesos: los partidos políticos y sus direcciones.
Otra cosa además: quien participa en el proceso revolucionario y actúa de  buena fe, cree, o debe creer, que su posición es justa, y tiene derecho a defenderla y a intentar de que se la acepte; esto implica inevitablemente su derecho a atacar las  posiciones que juzga falsas, para que las ideas de su propia organización política prevalezcan. La posición de las distintas tendencias en el movimiento popular se define en el marco de una lucha política más o menos intensa, en función del nivel alcanzado por el proceso revolucionario en desarrollo. Es lo que pasa actualmente en Chile.
La confirmación en la historia
Es una cosa archisabida que solamente el tiempo ubica correctamente el papel que cada partido, movimiento o individuo juega en un proceso, y que este papel es a menudo diferente de aquél que se le dio durante el propio desarrollo del proceso; la historia de las luchas sociales a menudo ha corregido radicalmente la opinión que prevalecía en el momento de los acontecimientos. Se hace necesario recordar algunos ejemplos especialmente sugestivos para todo buen revolucionario.
A comenzar por G. Babeuf, dirigente de la gran Revolución francesa, guillotinado como conspirador por el Directorio en 1797, y que hoy  se considera  como el fundador del primer partido revolucionario (“la Sociedad de  Iguales”) y como un precursor de las ideas socialistas que Marx y Engels  difundirían cincuenta años más tarde. Citemos  también el caso de Luis Emilio Recabarren, que fue muy duramente calificado por la dirección del  P.C. en los años que precedieron a su muerte (1924), a quien se siguió criticando en la decena de años que siguió a su desaparición, y que hoy en día se le  considera como el fundador del movimiento obrero chileno, al mismo nivel de importancia que los héroes de la independencia nacional.
Recordemos  a Lenin quien en 1917, cuando cruza Alemania para ir a Rusia a dirigir el Partido bolchevique, fue calificado  de traidor y agente alemán por el Gobierno provisional de Kerensky, y tuvo que pasar a la clandestinidad para evitar ser asesinado.. ¿Y por qué no recordar el caso del camarada Fidel Castro, calificado de aventurero al dar el asalto en Moncada en 1953, y mirado con escepticismo cuándo comenzó a la guerrilla? ¿Y los acontecimientos de China popular, donde las figuras de Mao, Liu Shao-shi, Lino Piao sufrieron tantos cambios en su valoración?
Eso pone de manifiesto que ningún individuo, ni ninguna organización política puede considerarse como poseedor  de la verdad absoluta.
La Unidad Popular pudo constituirse y seguir siendo la fuerza directora del Gobierno popular chileno gracias al hecho de que se superaron algunas tendencias sectarias y dogmáticas, que prevalecieron durante decenas de años en el movimiento popular . Se creó además un nuevo estilo unitario para superar las divergencias políticas que subsisten hasta el presente.
El problema llamado del “izquierdismo” pone a prueba los nuevos métodos del pluripartidismo, y un eventual retroceso a esos antiguos métodos cuestionaría la supervivencia incluso de la Unidad Popular y de su gobierno.

El proceso chileno
Basta con observar el proceso que se está viviendo en Chile para ver la confusión que causa, y cuánto dificulta la distinción entre posiciones justas y posiciones incorrectas entre los revolucionarios.
Así  por ejemplo, después de veintidós meses de Gobierno popular, y mientras ya se realizó una gran parte del programa básico del U.P., afirmar que “no estamos dispuestos  a separarnos ni milímetro del programa del U.P.”,¿ es esta una posición correcta o una posición  que frena el proceso? Porque es evidente para todo marxista, que, si el proceso debe continuarse, si queremos contar con el apoyo de las masas trabajadoras, la profundización del proceso exige nuevas medidas programáticas. Durante los pasados veintidós meses, hubo errores de dirección que, incluso hoy, no son reconocidos públicamente por todas las organizaciones de la Unidad Popular  y que  difícilmente pueden calificarse de desviaciones de izquierda, de centro o derecha. Es importante observar que en determinado momento, incluso una posición de centro puede ser perjudicial  a un proceso que reclama una aceleración, un golpe en el pedal o una acción de audacia decisiva que caracterice a una verdadera revolución.
Así  se pueden catalogar algunas posiciones” razonables” adoptadas durante los primeros meses de Gobierno.
Cuándo no se preparó la vía legal para un plebiscito que habría permitido disolver el Congreso en los cinco primeros meses de Gobierno y avanzar firmemente en abril de 1971 después del triunfo en  las elecciones municipales ¿acaso esto no fue un error de derecha, que el P.S. denunció públicamente?
¿Fue justo suspender las requisiciones  previstas en varios sectores industriales en junio de 1971, después de su exitosa aplicación, en los sectores de la industria textil y del cemento? ¿Era ser izquierdista en ese momento  pedir la extensión de las requisiciones  en los sectores de la metalurgia, la pesca, la alimentación, la construcción, el gas y teléfonos?
La reforma constitucional  en trámite, a iniciativa de los senadores democratacristianos Hamilton y Fuentealba,  que  cancela las posibilidades de requisar  a partir del 14 de octubre de 1971, es  la mejor demostración que  las empresas  a incorporar en el sector social  de la economía debían ir lo más lejos posible .Los que, de una forma o de otra, retrasaron las requisiciones se equivocaron totalmente  en su apreciación y frenaron el proceso  desde una posición de derecha.
Sobre las ocupaciones  de empresas, tan  a menudo mencionadas, para  obligar su incorporación al sector social. Se las criticó a menudo como sorpresivas  y que implicaban el alejamiento de ciertas  capas medias; ¿pero por qué no hubo acuerdo para decidir la ocupación justificada de algunas grandes industrias que debían pasar al sector social? Resulta así  lógico que esta constante falta de acuerdo aumente el campo de acción “del extremismo” y lo vuelva peligrosamente “mayoritario”; como consecuencia de esto se discuten todas las ocupaciones y, haciendo el balance, se ve que toda la Unidad Popular ha estado participando.
Citemos otro ejemplo: el retraso para crear  un depósito de automóviles que permitió a un sector parasitario  de la burguesía obtener  beneficios revendiendo muy caros  vehículos que habían comprados a bajo precio, y recuperando así con creces lo que habían perdido en otros sectores económicos. ¿ no fue  eso una debilidad política , que se manifestó  en el retraso para crear  depósitos para otros  productos objeto de especulación y  mercado negro, como los electrónicos?
Es sin duda alguna en el campo  y en el proceso de la  reforma agraria que las opiniones cambiaron más rápido .Es alentador citar algunas frases del Secretario General del Partido Comunista extraídas de su informe sobre Plan agrario el 13 de agosto recién pasado:
“Ni los asentamientos, creados por la DC., ni los Ceras, creados por el actual Gobierno, satisfacen completamente a los campesinos y no constituyen, tal como están, las formas más adecuadas de organización transitoria del sector reformado. Últimamente, ha surgido una nueva forma de organización transitoria : los Comités campesinos, como un medio para abordar el proceso productivo y evitar los conflictos , entre crear lol Ceras o los asentamientos. Nos parece primordial y urgente revisar todas estas formas organizativas teniendo en cuenta la opinión y el interés de los propios campesinos. Apoyarse  en ellos es  {aúnica forma de cumplir las grandes tareas que tenemos en el campo”
Es realmente un cambio de posición tan notorio y feliz que habría evitado muchas recriminaciones mutuas, y que habría alejado  oportunamente  el “extremismo” si esta posición se hubiera producido a principios de 1971. Resulta  claro que esta manera de abordar el proceso en el campo habría conducido a intervenciones intensivas y  a iniciar en forma inmediata los trabajos en  los terrenos expropiados; fue la posición planteada por el CONAS (Consejo nacional agrícola socialista). Así se habría evitado, en gran medida, la baja producción agrícola que el camarada Corvalán indica en el párrafo  que precede inmediatamente al citado.
 ¡Qué  difícil es juzgar como correctas o incorrectas las posiciones sostenidas en relación al campo!
Imaginemos  por  un momento que una posición parecida a la del sector agrario fuera respaldada por el Secretario General del  PC. para abordar los problemas del sector industrial, que afectan tan de  cerca del proletariado que, se puede decir , es la clase que impulsa  más firmemente el proceso. ¡Cuántas acusaciones de “izquierdismo” y de “reformismo” se evitarían si previamente aprendiéramos  de manera constructiva lo que sienten y apoyan  las masas, sin tratar de imponer esquemas preconcebidos!
Dos concepciones del proceso
El camarada Altamirano lo indicó muy claramente el 1 de agosto, en el teatro San Diego: “Incluso si hay debates internos, incluso si existen divergencias tácticas transitorias, como las ha habido y como las hay actualmente, estamos todos de acuerdo con  el gran objetivo estratégico: crear  una nueva sociedad, crear en Chile la sociedad socialista y en función de este gran objetivo histórico debemos superar la mayoría de las dificultades momentáneas. ”
Es un hecho evidente que  gran parte de las dificultades surgidas al interior de la UP.,se deben a que algunos creen que el objetivo estratégico de la construcción del socialismo está bastante alejado y no forma parte del programa inmediato: para otros, este problema se plantea ahora mismo y figura en el programa del UP.
Para afirmar eso, nos basamos  en el apartado 9 del programa  que indica que “el Gobierno del pueblo tiene ante si  lo tarea fundamental de terminar con el dominio de los monopolios, de la oligarquía latifundista y de empezar  la construcción del socialismo en Chile”. El carácter simultáneo de esas s tareas se manifiesta a lo largo de todas las medidas del programa y constituye así una de las características más importantes del proceso chileno: combinar las tareas democrático-burguesas y las tareas socialistas.
Esta característica del programa no fue el fruto de la casualidad, sino el resultado de la experiencia de todas las revoluciones socialistas que triunfan en la historia: soviética, china, yugoslava, vietnamita ,china y cubana.
Se podría argumentar que la vía chilena puede ser diferente y que no es necesario ser dogmático ni mecanicista para juzgar nuestro proceso. Supongamos que después de veintidós meses de Gobierno nosotros acepciones el hecho de que se deban separarse y rechazar en una segunda etapa las tareas socialistas. Deberíamos entonces suponer también que, en la actual estructura capitalista, en las instituciones actuales, son posibles un trabajo eficaz del Gobierno popular, un trabajo de masa de los partidos del U.P. que permiten un apoyo creciente de la población, hasta obtener una aplastante mayoría, mayoría que nos permita imponer la segunda etapa: la etapa socialista. Ahora bien, es evidente para todo el mundo  que los instrumentos a disposición del poder ejecutivo no son suficientes para transformar la sociedad; y que al actuar dentro de los límites  del propio sistema, se aleja por una razón u otra a distintos sectores de la población y se pierde  la actual mayoría. Durante años, se dijo y se ha repetido  que los males de Chile se debían a  su estructura capitalista y que, sin cambios estructurales, era imposible sacar a Chile del subdesarrollo, terminar con el endeudamiento progresivo del país en el extranjero, con la inflación crónica y el desempleo, abierto u oculto. Al asumir el Gobierno, se efectuaron importantes cambios en la estructura social (nacionalización de los bancos y de las riquezas mineras; liquidación de la propiedad latifundista, formación de un sector social limitado en el sector industrial y en la distribución de productos), pero los cambios se hicieron desde el interior de la estructura capitalista; y por eso no afectaron lo básico del sistema capitalista, incluso si se  cambiaron de manera radical las reglas del juego para las capas más parásitas del capitalismo. Al observar la situación en su conjunto, vemos que el poder económico de la clase capitalista está  casi intacto y que está lista para recuperar las posiciones perdidas si se le da la más pequeña posibilidad de hacerlo.
Los que creen  en la progresión gradual y por etapas defienden abiertamente la tesis según la cual la eficacia del trabajo del Gobierno es suficiente y decisiva para solucionar los problemas. Lo que  quiere decir que las tareas  inmediatas son tareas  solamente de eficacia dentro del sistema, y no  aquéllas que contemplan cambiar la estructura de la sociedad capitalista en la que vivimos. Esto  significa, por ejemplo, para el problema agrario, que no se trata de establecer nuevas relaciones de propiedad, construyendo  nuevas relaciones de producción, sino que solo es necesario utilizar los tractores de manera más eficaz, integrar una mayor cantidad de máquinas en el trabajo de la tierra, garantizar una mayor tecnicidad y práctica agrícola en las explotaciones agrícolas actuales [...]. Por lo que se refiere a la Administración pública, la primera tarea sería eliminar la burocracia, evitar las complejidades de funciones y terminar con las remuneraciones  millonarias, etc.
Pero es también un  hecho indesmentible  que, bajo una  u otra forma, todos los Gobiernos anteriores intentaron abordar los mismos problemas y fracasaron, teniendo en muchos aspectos y circunstancias condiciones más favorables que el Gobierno de la U.P. (actitud colaboradora de los profesionales y técnicos, abundancia de divisas y crédito, disciplina rigurosa en el trabajo ,  etc.). Esta es la razón por la que no hay ningún motivo   para pensar  que se tendrá éxito dónde los otros Gobiernos han fallado, salvo si, y es esta la esencia de este análisis, se obtiene un cambio total de actitud de las masas populares, tanto en la ciudad como en el campo, en las relaciones de producción y que eso nos permita contar con un apoyo masivo, para  las tareas en que  fallaron los Gobiernos anteriores, que no contaban y no podían contar con el apoyo de las masas, debido a sus compromisos y alianzas  de clases.
La experiencia de los veintidós meses nos enseña que el apoyo de las masas se mantiene solamente en la medida en que los trabajadores ven que se cumplen simultáneamente las tareas democrático-burguesas y las tareas socialistas. Eso se pudo comprobar, de manera irrefutable, en el caso de las requisiciones de empresas, de la defensa de las industrias donde se había intervenido, y en la movilización masiva de los trabajadores cuando se trataba de impedir su restitución a los propietarios privados. Eso explica el éxito de los cordones industriales, que agrupan  a los trabajadores por zonas geográficas, y la forma en que, en Concepción, las cuestiones relativas al sistema capitalista se radicalizaron mucho más profundamente que en otras regiones.
¡De ahí viene la consigna creada por los socialistas, de avanzar sin transar! De ahí viene el apoyo impresionante que el Partido socialista ha recibido en las empresas industriales, y prueba la razón de la continuidad  del proceso actual hasta el socialismo.
Por el contrario, los que no mencionan nunca el socialismo, y lo que significa concreta y en forma inmediata  para las masas, debilitan la base de apoyo del Gobierno, frenan su acción; en la práctica, no dejan otra salida para las masas que  pensar en sustituir a este Gobierno por otro, incluso si ese gobierno tampoco avanzara  hacia su reivindicación fundamental: el socialismo; socialismo que para ellos significa terminar con la explotación, con los ricos, con los que poseen los  cargos directivos sin haber sido elegidos democráticamente por los trabajadores.
Enfrentando  estos problemas fundamentales, las posiciones diferentes de los revolucionarios no pueden a la ligera catalogarse de extremistas. Se basan en un diferente análisis del proceso, y lo que en realidad se discute, es si el cambio se dirige hacia un proceso revolucionario o si se va a continuar como un proceso reformista. Como consecuencia  esta calificación englobaría a todos los revolucionarios. Y no pensamos que sea esa la intención de los que emplean el calificativo.
Las palabras del camarada Corvalan, en el último pleno del PC., son francamente alentadoras:
“En cuanto a la extrema-izquierda, lo  dijimos, y lo repetimos hoy, que combatimos  sus posiciones a nivel ideológico y político, pero que no proponemos medidas represivas su contra. ” Decimos que son alentadoras ya que había otra posición que significaba reprimir a la gran mayoría de los socialistas y de muchos trabajadores, en un futuro inmediato.
Esa política, que se aplicó en la población La Hermida, habría significado  indiscutiblemente el  desprestigio  del Gobierno y el fin de la UP. La actitud firme y valiente del camarada Allende y del PS. puso  fin a ese error, y esperamos que lo  sea definitivamente.

El terrorismo y la acción directa
Al indicar el carácter de las divergencias en el seno  la izquierda, y para tratar correctamente el problema de aquéllos que generalmente se nombran  como extremistas, es necesario considerar separadamente a los terroristas y a los partidarios de la acción directa; aunque a veces, y felizmente raras veces, las dos posiciones coinciden.  En general, se da mucho más importancia a los terroristas, por la publicidad que  reciben, que aquélla que tienen realmente. Como decía Lenin en su artículo “Aventurismo revolucionario”, “la pasión para el terror no supera más allá que un estado de alma transitorio y fugaz”.
En la gran mayoría de los casos, lo que se llamó “extremismo” en el proceso chileno se refiere a una posición diferente adoptada en la lucha de  masas; por ejemplo las ocupaciones de tierras y fábricas, el aumento del número de empresas que deben pasar al sector social, la organización paramilitar de los poblaciones  en la periferia, la oposición por las  vías de hecho a las manifestaciones de la derecha, la convocatoria de acciones de masa que pueden salirse de la legalidad (caso de la Asamblea del Pueblo en Concepción), etc  .Estas divergencias en la dirección del proceso no tienen nada ver con el terrorismo o con la acción directa. El intento  de asimilar a los “izquierdistas”, como es correcto llamarlos, con  los casos aislados de terrorismo como los del VOP.], pone de relieve obviamente la mala fe y la falta de voluntad para tratar las divergencias ideológicas al nivel que merecen.
El  que se haya sorprendido a algunos camaradas con armas y explosivos, etc., son hechos que no pueden de buenas a primeras  calificarse de actos terroristas, ya que no se puede saber automáticamente lo que ellos tenían la intención de hacer. Calificarlos de “lanzadores locos de bombas e instrumentos de la C.I.A.”, y asociarlos automáticamente con terrorismo, es  injusto, aunque algunos todavía creen  necesario e indispensable la búsqueda de demonios para combatirlos.
El MIR. y sus perspectivas
El desarrollo del proceso hizo que, de la veintena de organizaciones revolucionarias que se habían formado en Chile durante los diez últimos años, casi todas creadas all principio por antiguos militantes comunistas o socialistas, solamente el .MIR subsiste y tiene una cierta influencia en el proceso. Los otros grupos “chinos”, “trotskistas” o “foquistas” han perdido  significado, sobre todo estos dos últimos años, y ninguno está presente actualmente.
El MIR se creó hace siete u ocho años, básicamente como un movimiento de jóvenes estudiantes, y tuvo un rápido desarrollo  porque simbolizaba para las masas de jóvenes la ruptura con el sistema capitalista y adherir a nuevas formas de- lucha. Entre 1966 y 1968, la creación de la OLAS. y la campaña heroica del camarada Che Guevara en Bolivia le dieron un respaldo continental y lo llevaron a una posición claramente foquista  que  caracteriza al MIR hasta el principio de la campaña presidencial de 1970. Las continúas promesas de abrir un foco guerrillero, reiteradas y con fecha fija en los años 1967 y 1968, sometieron al MIR y a  los más impacientes de sus militantes a una serie de divisiones y crisis internas que lo debilitaron enormemente. Fue en estas circunstancias que el caso de Osses  lo hizo pasar a la clandestinidad durante casi dos años, hasta el triunfo del Presidente Allende. Durante este período, el M IR. practicó varios asaltos de bancos, como medio de financiar sus actividades. Esta práctica fue criticada severamente por el PC quien la calificó acertadamente como de carácter  aventurero  y  que podía perjudicar al proceso electoral en curso. Los hechos mostraron que el MIR. no obstaculizó  el resultado final de la elección; al contrario, desempeñó un papel muy útil en la revelación  de la conspiración de derecha cuya culminación fue el asesinato del general Schneider.
Al principio del Gobierno de la UP., los miristas que estaban  presos  o exiliados fueron indultados y  el MIR recuperó su plena legalidad;  la coyuntura se volvió extremadamente favorable para que esa organización se transformara en una gran organización de masas. Su prestigio, la imagen heroica que presentaba a  la juventud, el hecho de tener algunas decenas de cuadros políticos con experiencia en la lucha armada le dieron una ocasión excepcional para desarrollarse.
Sin embargo no supieron aprovecharla. En vez de utilizar la legalidad para transformar su prestigio en organización, en vez de crear  numerosos organismos de masas, el MIR.  emprendió  formas de trabajo que lo aislaban de los trabajadores. Prefirió  dedicarse a ponerse de acuerdo o a disentir con otras fuerzas y a establecer contactos de alto nivel con los partidos de la UP. Durante doce meses, su diario no pareció y ningún local público legal estuvo abierto que permitiera  el contacto entre su organización y los trabajadores.
El trabajo de masas lo abordaron con un estilo guerrillero, ya sea centrando todas las fuerzas en uno  o dos lugares, para obtener resultados de propaganda, con impaciencia y precipitación. De acuerdo con esa táctica nace el campamento “Nueva La Habana” y  se efectúan la toma de tierras en Cautín (sector mapuche). Cuando, en septiembre de 1971, resulta evidente que la fecha de la confrontación armada en Chile no puede preverse, el MIR intenta cambiar de estilo y concentra sus esfuerzos en los frentes revolucionarios (FIR., el M CR „FER., MPR.) con los cuales pretende catalizar  el descontento que existe en distintos niveles de la sociedad capitalista. Y allí comete otro error decisivo: en vez de utilizar a los descontentos para reforzar su acción de masa, son los descontentos  que se sirven del MIR. como instrumento. En su esfuerzo para parecer más grandes de lo que realmente son los miristas se desacreditaron al  patrocinar ciertas acciones aventureras, como usar  como ocupar empresas ya requisadas y promover huelgas con pretensiones económicas que paralizaban actividades vitales del país y perjudicaban a  otros trabajadores, etc .Si un trabajador se proyectaba para un cargo  dirigente o si quería obtener una ventaja de tipo personal, al margen de una posición  ideológica o disciplinaria, se presentaba como  miembro del FTR. y el M IR. sufría las consecuencias.
Las elecciones del mes de  mayo en la CUT reflejaron el resultado de este método. El MIR.. obtuvo un escaso 1,9% de los votos  emitidos, mientras que sus dirigentes  pensaban no descender  de un 10%.
Durante años de lucha, el MIR. ha manifestado una  gran vitalidad,  valor y  audacia, pero  también ha demostrado errores permanentes  que le han  impedido  convertirse en una organización revolucionaria de masas y una dirección revolucionaria alternativa en Chile. Su dirección está  integrada por una pequeña élite, lo que le ha provocado  una  crisis constante en los cargos intermedios.
Su búsqueda permanente de éxito publicitario, le hace engañarse sobre su verdadera fuerza y sobre su real influencia sobre las masas, pues las entrevistas en la radio y a la TV. no llegan a las capas pobres, que deben ser el objetivo de un partido revolucionario.
Es su voluntarismo político lo que, sumado a un buen análisis teórico y práctico, los lleva a creer que lo que ellos  quieren o proponen  debe forzosamente producirse.

Y, vinculada a los errores anteriores, está  lo que podríamos llamar la impaciencia política que les hace fijar planes  a muy corto plazo para realizar tareas en la masa que no están incluidas en sus metas propias , ya que no dependen del estado de ánimo de los dirigentes revolucionarios.
Cualquiera que sea la importancia de los errores que el MIR.. ha cometido en los últimos años, el factor de verdad determinante en su estancamiento ha sido la acción del PS. ya que fue  la línea política revolucionaria de nuestro partido la que canalizó principalmente las inquietudes de los campesinos, de los pobladores y proletarios, y que les ofreció una vía de lucha organizada y seria. Es nuestro partido el que reclutó a los mejores combatientes de la ciudad y el campo, formando así militantes disciplinados.
El polo de reagrupación de todos los verdaderos revolucionarios se encuentra actualmente en nuestro partido y eso está  determinado por el hecho de que el PS. constituye  un gran partido ya organizado y que plantea abiertamente su lucha por una sociedad socialista.
Hacia la superación  de las divergencias
Cuando nuestro partido defiende de manera intransigente la aplicación simultánea de todas las tareas  del programa de la UP. y la difusión  entre la masa de  puntos concretos que conducirán a Chile hacia el socialismo, está creando  las condiciones para superar de manera unitaria las divergencias entre los revolucionarios.
Lo importante es que el PS., para realizar esta tarea unitaria, se sitúa francamente en una posición de izquierda al interior del proceso; y su análisis de la realidad lo ha  convencido que en el presente sólo  el avance puede reforzar al Gobierno. Y avanzar al realizar las tareas  socialistas es hoy una posición  de izquierda que todos no aceptan en la UP. y por eso debe iniciarse un debate fraternal éntrelos  partidos y en el seno de las masas para que sean  ellas las que finalmente, decidan el curso de la revolución chilena. No hay lugar en este debate para los partidos burgueses o de los opresores. Este problema es al interior del pueblo trabajador y es ahí donde debe desarrollarse. A la gran prueba política que fueron las elecciones en la CUT. debe seguir  una toma de posición en todos los organismos de masas donde las cosas se discutan abiertamente: socialismo o reforma del sistema actual. Avance o retroceso. Y esto debe traducirse en todas partes en consignas concretas  que signifiquen, en un futuro inmediato, la aplicación en la realidad de estas dos políticas. El PS.. no teme este debate. Sus militantes están plenamente comprometidos y tienen la certeza  de ganar para ellos la gran mayoría de los obreros, de los campesinos, de empleados y de estudiantes, de intelectuales y de revolucionarios profesionales que serán los que, finalmente, decidirán el curso de la historia para toda la nación chilena.